Jesús, su vida en la Iglesia y en el alma fiel

De las meditaciones escritas en Nazaret

San Charles de Foucauld

Mi Señor Jesús: Vos estáis «con nosotros hasta la consumación de los siglos», no solamente en la Santa Eucaristía, sino también por medio de vuestra gracia… Vuestra gracia existe y vive en la Iglesia al igual que en toda alma fiel… La Iglesia es vuestra Esposa, el alma fiel lo es asimismo…
¿Cuál «es la acción de vuestra gracia en ella?… Hacerla semejante a Vos… Vuestra gracia obra sin cesar en la Iglesia para hacerla más perfecta: más perfecta por el número creciente de sus santos; los nuevos se añaden incesantemente a los antiguos, y esta corona de santos se completa cada día con nuevos diamantes; más perfecta, por la explicación cada vez mayor de sus dogmas, por la organización más completa de su liturgia, su disciplina; por las nuevas cruces que Vos la cargáis cada día y las victorias que diariamente obtiene contra el príncipe de este mundo; por las persecuciones que soporta a través de los siglos y que la vuelven, por los sufrimientos, cada vez más parecida a su Esposo; más perfecta, por el peso de los méritos de sus miembros, añadiéndose a los de la víspera; ésa es una suma creciente de santidad incesante, una nueva suma de glorificación de Dios, añadiéndose a la antigua, que está viva delante del Señor; más perfecta, por la multitud de Sacrificios, Tabernáculos, Comuniones, donde Jesús está cada día ofrecido por la tierra a Dios, uniendo las nuevas ofrendas a las antiguas; porque la gracia acumulada a la de ayer no puede dejar de hacer subir a esta Esposa de escalón en escalón hasta más cerca de su Esposo; Jesús es el alma de la Iglesia; Él la da todo lo que el alma da al cuerpo: la vida. La vida inmortal, volviéndola inconmovible; la luz, haciéndola infalible en la declaración de la vendad; obra por ella misma, y continúa por su mediación la obra comenzada en su cuerpo mientras Él vivía entre los hombres; la glorificación de Dios para la santificación de los hombres.., Esta obra es el fin de la Iglesia, como ella fue la de Cristo:
Jesús la cumple en ella, a través de los siglos…
Señor mío: Vos habitáis en el alma fiel: «Vendremos a ella y haremos nuestra morada»; Vos convertido como en el alma de esta alma; vuestra gracia la sostiene totalmente, ilumina su inteligencia, dirige su voluntad; no es ella la que obra, sois Vos, que obráis en ella… Vos le dais la vida, la vida de gracia, semilla de la vida de gloria, con una abundancia creciente; Vos le dais la verdad; Vos la establecéis, le dais el gusto, le abrís los ojos, le hacéis ver las cosas bajo la mirada de la fe; Vos la ponéis así en la luz divina, bien alta, por encima de las tinieblas del mundo; continuáis en ella vuestra obra… El fin de cada hombre, como el fin de la Iglesia, como vuestro propio fin, mi Señor Jesús, es la glorificación de Dios, es decir, la manifestación exterior de su gloria y la santificación de los hombres… Vos nos amáis; cuanto más perfectos seamos nosotros, más seréis Vos consolado; debemos desear consolaros lo más posible puesto que Vos ordenáis que os amemos con todas nuestras fuerzas; debemos desear ser lo más perfectos posible… Convertid, pues, nuestros pensamientos, palabras y acciones conformes con los vuestros, conformes a lo que Vos haríais; vivid en nosotros, reinad en nosotros, que no seamos nosotros los que vivimos, sino que seáis Vos. Dios mío, el que viváis en nosotros y que, sirviéndoos de nuestro cuerpo y alma, que os hemos entregado sin reservas, continuéis por medio de ellos vuestra vida y obra en este mundo, la glorificación de Dios y la salvación de los hombres en la medida en que lo habéis decretado Vos mismo en vuestros designios eternos, en Vos, por Vos y para Vos. Amén. Amén. Amén.