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María en el misterio de la Iglesia

María, madre de la Iglesia[1]

P. Gustavo Pascual, IVE

La Santísima Virgen ha sido llamada Madre de la Iglesia. Por ser Madre de la Cabeza de la Iglesia, Jesucristo, es también Madre de los miembros de esa Cabeza, es decir, de nosotros, los cristianos. “Jesucristo, que es la Cabeza del género humano, nació de ella; los predestinados, que son los miembros de esa Cabeza, deben también, como consecuencia necesaria, nacer de Ella […] Una misma madre no da a luz la cabeza sin los miembros, ni los miembros sin la cabeza […] de igual modo, en el orden de la gracia, la cabeza y los miembros nacen de una misma madre”[2], “en el Calvario comenzó María de modo particular a ser Madre de toda la Iglesia (San Alfonso María de Ligorio)[3].

Misión de María en el pueblo de Dios

 a) Colaboradora de Dios

+ Dios Padre creó un depósito de todas las aguas y lo llamó mar. Creó un depósito de todas las gracias y la llamó María (Pedro de Celles).

María es el tesoro del Señor (216), de cuya plenitud se enriquecen los hombres.

+ Dios Hijo comunicó a su madre cuanto adquirió mediante su vida y muerte, sus méritos infinitos y virtudes admirables. Ella es la tesorera de cuanto el Padre le dio en herencia.

María es el acueducto por el cual hace pasar suave y abundantemente sus misericordias (142).

+ Dios Espíritu Santo comunicó a su fiel Esposa, María, sus dones inefables y la escogió por dispensadora de cuanto posee.

Ella distribuye a quien quiere, cuanto quiere, como quiere y cuando quiere todos sus dones y gracias.

No se concede a los hombres ningún don celestial que no pase por sus manos.

 b) Influjo maternal de María (cf. 139-143)

El Señor es todavía en el cielo Hijo de María como lo fue en la tierra y por consiguiente, conserva para con ella la sumisión y obediencia del mejor de todos los hijos para con la mejor de todas las madres.

Las plegarias y súplicas son tan poderosas ante Dios que valen como mandatos. Dios no desoye jamás las súplicas de su querida madre porque son siempre humildes y conformes a la voluntad divina.

María impera en el cielo sobre los ángeles y bienaventurados. Por su humildad, Dios le ha dado el poder y la misión de llenar de santos los tronos vacíos del cielo.

c) Señal de fe auténtica (29-30)

 + Dios Padre quiso formarse hijos por medio de María hasta la consumación del mundo.

Todos los verdaderos predestinados e hijos de Dios tienen a Dios por Padre y a María por madre. Y quién no tenga a María por madre, tampoco tiene a Dios por Padre.

El hombre de perversa doctrina, el réprobo, desprecia o es indiferente para con María.

d) María, madre de la Iglesia (31-33)

+ Dios Hijo quiso formarse por medio de María y por decirlo así, encarnarse todos los días en los miembros de su Cuerpo Místico y le dice “entra en la heredad de Israel”[4], “uno por uno todos han nacido en ella”[5].

Un primer hombre nacido de María es el hombre-Dios, Jesucristo, el segundo es un hombre-hombre, hijo de Dios y de María por adopción. Si Jesucristo, Cabeza de la humanidad, ha nacido de ella, los predestinados, que son los miembros de esta Cabeza deben también, por consecuencia necesaria nacer de ella[6].

Cristo es fruto de María “y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”.

            Si algún hombre tiene a Cristo formado en su corazón puede decir: gracias María, lo que poseo es obra y fruto tuyo y sin ti no lo tendría.

Y María podría decirle ¡hijito mío! de nuevo sufro los dolores del alumbramiento hasta que Cristo se forme en ti[7].

“Todos los que van al cielo están ocultos en el seno de la Virgen hasta que ella los da a luz para la vida del cielo después de la muerte” (San Agustín).

e) María, figura de la Iglesia (34-36)

 + Dios Espíritu Santo quiere formarse elegidos en ella y por ella.

Ella llena de virtudes a los elegidos de Dios para que crezcan espiritualmente.

Ella se reproduce en sus devotos y el Espíritu Santo se agrada en ellos.

Cuando María hecha raíces en un alma hace en ella maravillas de gracias.

Ella colabora con su Esposo a través de los siglos.

Colaboró en la Encarnación.

Realizará la formación y educación de los grandes santos del fin del mundo.

Cuando el Espíritu Santo la encuentra en un alma, entra en esa alma y la llena con la plenitud de la gracia.

 

  1. Consecuencias

 a) María es Reina de los corazones (37-38)

             María ha recibido de Dios un gran dominio sobre las almas de los elegidos.

María es la Reina del cielo y de la tierra, por gracia.

El reino de la Virgen está principalmente en el interior del hombre.

María tiene por gracia poder sobre su Hijo único y natural y también sobre sus hijos adoptivos.

 b) María es necesaria a los hombres (39-59)

 + Para la salvación

La devoción a María es señal infalible de predestinación.

Así las palabras y figuras del Antiguo y Nuevo Testamento. Así el sentir y ejemplo de los santos. Así la razón y la experiencia. Así lo han confesado obligadamente los demonios y sus secuaces.

“Ser devoto tuyo, oh María, es un arma de salvación que Dios ofrece a los que quiere salvar” (San Juan Damasceno).

+ Para una perfección particular

Nadie puede llegar a una íntima unión con el Señor y a una fidelidad perfecta al Espíritu Santo, sin una unión estrecha con María y con su socorro.

Dios por ella quiere embellecer, levantar, enriquecer las almas y por ella llevarlas a la santidad.

Dios ha entregado a María las llaves que dan entrada a la intimidad del amor divino[8].

“Las personas más ricas en gracia y virtud, los mayores santos son los mas asiduos en rogar a la Santísima Virgen y contemplarla siempre como el modelo perfecto a imitar y la ayuda eficaz que les debe socorrer” (San Bernardo).

Ella es la formadora de los grandes santos de los últimos tiempos.

 

[1] Sigo a SAN Luis María Grignion de Montfort, Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen… Los números entre paréntesis corresponden al tratado. Uso sus mismas palabras

[2] V.D. nº 32…, 453.

[3] Buela , El Catecismo de los jóvenes…, 52

[4] Si 24, 13

[5] Cf. Sal 86, 6

[6] Cf. L.G. 53

[7] Cf. Ga 4, 19

[8] Cf. San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual, Canción 26…, 674-80.

Reglas para sentir con la Iglesia

“No podemos colaborar si no tenemos el espíritu de la Iglesia militante.”

San Alberto Hurtado

 

Reglas para estar siempre con la Iglesia, en el espíritu de la Iglesia militante. No podemos colaborar si no tenemos el espíritu de la Iglesia militante. Nuestra primera idea es buscar enemigos para pelear con ellos… es bastante ordinaria…

Alabar las largas oraciones, los ayunos, las órdenes religiosas, la teología escolástica… Alabar, alabar.

¡¡No se trata de vendarse los ojos y decir amén a todos!! Pero el presupuesto profundo está un poco escondido. Hay un pensamiento espléndido, a veces olvidado: tengo que alabar del fondo de mi corazón lo que legítimamente no hago. ¡¡No medir el Espíritu divino por mis prejuicios!! Voy a alabar largas oraciones en casa, que yo no hago… Alabar las procesiones, que yo no hago.

La mente de la Iglesia es la anchura de espíritu. Si legítimamente ellos lo hacen, yo legítimamente no lo hago. La idea central es que, en la Iglesia, para manifestar su riqueza divina, hay muchos modos: “En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones” (Jn 14,2). La vida de la Iglesia es sinfonía. Cada instrumento tiene el deber de alabar a los demás, pero no de imitarlos. El tambor no imita la flauta, pero no la censura… Es un poco ridículo, pero tiene su papel. ¿Los demás pueden mofarse del bombo? No porque no son bombo. Es como el arco iris… El rojo ¿puede censurar al amarillo? Cada uno tiene su papel (qué bien cuadra esto dentro del Espíritu del Cuerpo Místico).

Luego, no encerrar la Iglesia dentro de mi espíritu, de mi prejuicio de raza, de mi clase, de mi nación. La Iglesia es ancha. Los herejes so pretexto de libertad estrecharon la mente humana. Nosotros con nuestros prejuicios burgueses, hubiéramos acabado con las glorias de la Iglesia.

En el siglo IV: “Queremos servir a Dios a nuestro modo. Vamos a construir una columna y encima de la columna una plataforma pequeña… bastante alta para quedar fuera del alcance de las manos, y no tanto que no podamos hablarles… La caridad de los fieles nos dará alimento, ¡oraremos!”. Nosotros ¿qué habríamos hecho? -Esos son los locos… ¿Por qué no hacen como todos? El hombre no es ningún loco. La Iglesia no echó ninguna maldición, ¡les dio una gran bendición! Ustedes pueden hacerlo, pero no obliguen a los demás. Ustedes en su columna, pero el obispo puede ir sentarse en su trono y los fieles dormir en su cama. De todo el mundo Romano venían a verlos, arreglaban los vicios, predicaban. San Simón Estilita, y con él otros. Voy a alabar a los monjes estilitas, pero no voy a construir la columna.

Otro grupo raro: “Nos vamos al desierto, a los rincones más alejados para toda la vida. Vamos a pelear contra el diablo, a ayunar y a orar… a vivir en una roca”. ¿Y nosotros? Con nuestro buen sentido burgués barato, diríamos: Quédense en la ciudad. Hagan como toda la gente. Abran un almacén; peleen con el diablo en la ciudad. La Iglesia tiene para ellos una inmensa bendición. ¡No peleen demasiado entre sí! Pero no obliguen a los demás a ir al desierto; lo que ustedes legítimamente hacen, ¡¡otros no lo hacen!! Nosotros hoy, despedazados al loco ritmo de la vida moderna, recordamos a los Anacoretas con un poco de nostalgia; todos los santos monjes y eremitas, ustedes que hallaron a Dios en la paz: rogad por nosotros.

El tiempo de las Cruzadas. La gran amenaza contra el Islam. Llegan unos religiosos bien curiosos. ¿Para nosotros qué es un religioso? ¿Manso, manos en las mangas, modesto, oye confesiones de beatas, birrete? No tienen birrete sino casco, espada en lugar de Rosario… Religiosos guerreros. Hacían los tres votos de religiosos para pelear mejor. Hacían un cuarto voto: el de los templarios, voto solemne: “no retroceder lo largo de su lanza, cuando solos tenían que enfrentar a tres enemigos”. Era el cuarto voto. La Iglesia lo aprobó. Luego, ¿todos tienen que pelear y ser matamoros? Lo que ellos legítimamente hacen; nosotros, no.

Vienen otros, tímidos, humildes, pordioseros:

-Un poco de oro y de plata, pero oro es mejor…

-¿Qué van a hacer con el oro de los cristianos?

-¡Llevarlo a los Moros!

-¿Van a enriquecer a los Moros? ¡¿El tesoro de la cristiandad que se va?!

-En la cristiandad no hay mejor tesoro que la libertad de los cristianos.

Los de la Merced, un voto: ¡quedarse como rehenes para lograr la libertad de los fieles! Bendijo la Iglesia a los militares y a la Merced.

¿Qué habríamos hecho nosotros con San Francisco de Asís? ¡Lo habríamos encerrado como loco! ¿No es de loco desnudarse totalmente en el almacén de su padre para probar que nada hay necesario? ¿No era de loco cortar los cabellos de Santa Clara sin permiso de nadie? Cuando el fuego le devoraba el hábito, dice: “no lo apagues, es tu hermano fuego que tiene hambre”. ¿Qué habríamos hecho nosotros? En el almacén, el obispo le arrojó su manto, símbolo de la Iglesia que lo acepta.

Vienen los Cartujos, que no hablan hasta la muerte. Si el superior le manda a predicar, puede decir: ¡No, es contra la Regla! ¡Absurdo, después de 7 años… a predicar! La Iglesia mantuvo la libertad de los Cartujos: quieren mantenerse en silencio, ¡pueden hacerlo! Pozos de ciencia, sin hablar. ¡Nuestro sentido burgués!

Vienen los Frailes Predicadores, los Dominicos: le da su bendición a los Predicadores… Lo que ustedes legítimamente…

San Francisco de Asís: una idea: construir un templo con cuatro paredes sin ventanas, un pilar, un techo, un altar, dos velas y un crucifijo. ¡Ah no! Eso es un galpón… Vamos a colgar cuadritos… vamos a poner bancos y cojines… ¡Nada!, dice San Francisco. Gran bendición a su Iglesia y fabulosas indulgencias. Es el recuerdo del Pesebre de Belén.

En los primeros tiempos de los Jesuitas, hay dos cardenales Farnese y Ludovisi y construyen el Gesù y San Ignacio. El Gesù: columnas torneadas, oro y lapislázuli… La bóveda… 20 años pintando la bóveda: Nubes, santos y bienaventurados. Y San Luis… ángeles mofletudos y barrigones… El altar hasta el techo, con Moisés y Abraham bien barbudos. Nosotros diríamos: “eso es demasiado, falta de gusto, de moderación”. Y la Iglesia bendijo al Gesù y San Ignacio. No es el pesebre, es la gloria tumultuosa de la Resurrección.

En la Iglesia se puede rezar de todos modos: vocal, meditación, contemplación, hasta con los pies (es decir, en romería). Los herejes, en cambio: fuera lámpara, fuera imágenes, fuera medallas… Hay pueblos que no quieren besar el anillo, sino que lo olfatean. ¡Bien, pueden hacerlo! Iglesias en estilo chino ¿De dónde sacan que el Gótico es el único estilo? Santa Sofía, San Pedro…

¡Todos los desastres de la Iglesia vienen de esa estrechez de espíritu! ¡El clero secular contra el regular, y orden contra orden! Para pensar conforme a la Iglesia hay que tener el criterio del Espíritu Santo que es ancho.

En el Congo ¿podemos pintar Ángeles negros? ¡Claro! ¿Y Nuestra Señora negra y Jesús negro? ¡Sí! Ese Jesús chino… ¡admirable! Nuestro Señor, en los límites de su cuerpo mortal, no podía manifestar toda su riqueza divina. En el Congo un Padre compró cuadros de la Bonne Presse. Muestra el infierno, y los negros entusiasmados. No había ningún negro, ¡sólo blancos! ¡Ningún negro en el infierno!

En la Compañía de Jesús a veces odio, por carecer de este espíritu. Los demás que se queden cada uno conforme a su vocación. Este es un pensamiento genial de San Ignacio, expuesto sencillamente: alabar, alabar, alabar. Alabemos todo lo que se hace en la Iglesia bajo la bendición del Espíritu Santo. ¡Cuando la Iglesia mantiene una libertad, alabémosla!

Pero esta vez del mismo lado del Jordán…

“Pequeña convivencia monástica”

Queridos amigos:

Como dice nuestro Directorio de Vida Contemplativa, “…la alegría del monje ha de brotar simplemente de considerar que Dios es, que Cristo es: ¡Ánimo!, que Soy Yo, no temáis (Mc 6,50); de estar convencidos que la verdad prima sobre la mentira; el bien sobre el mal; la belleza sobre la fealdad; el amor sobre el odio, la paz sobre la guerra, la misericordia sobre la venganza, la vida sobre la muerte, la gracia sobre el pecado; de la certeza, finalmente, de que el ser está sobre la nada, la Virgen sobre Satanás, Cristo sobre el Anticristo y Dios sobre todo, esta alegría no es otra cosa que el gozo de la contemplación de los misterios divinos.”; y si bien la alegría del monje depende esencialmente de las verdades sobrenaturales, sin embargo, eso no quita las razones naturales que también nos pueden alegrar, como es el hecho de que finalmente, después de casi dos años y medio, se facilitó notablemente la entrada al país de los peregrinos, razón por la cual nuestros monjes que se encuentran del otro lado del río Jordán (como les contamos en una crónica anterior), pudieron visitarnos para poder realizar la ansiada convivencia monástica, durante la cual pudimos peregrinar juntos y celebrar la santa Misa en algunos de los santos lugares, como la basílica de la Anunciación en Nazaret, o en el Monte Tabor.

Notable fue también el hecho de sumar nuevas voces a los cantos de la liturgia, ya sea para la Santa Misa o para el rezo de las horas litúrgicas, y haber celebrado este pasado lunes a la Virgen de Luján, patrona de nuestra familia religiosa, junto con nuestros demás religiosos en Belén.

Pero lo que más queríamos destacar en esta oportunidad, además de la peregrinación y sus muchos frutos, es la importancia de la vida fraterna en común que también vivimos los monjes, pese a estar la mayor parte del día en silencio, ya que es justamente con nuestra comunidad con quien ejercitamos y adquirimos las virtudes, y donde buscamos ayudarnos a tender hacia la santidad en un ambiente religioso y familiar que busca no otra cosa que vivir el Evangelio lo mejor posible según las buenas disposiciones, caridad y generosidad de los monjes; y decimos con precisión que somos verdaderamente una “familia religiosa”, porque a la familia no se la elige, sino que uno nace en ella y dentro de ella debe crecer y madurar, lo mismo que en la vida religiosa, familia dispuesta por Dios mismo en el lugar de misión, la cual debe ayudar a cada uno de sus miembros según sus necesidades a buscar la santidad y preparar lo mejor posible el ambiente para su consecución, con paciencia ante los defectos de cada uno, con caridad para con todos, y en nuestro caso mediante el cumplimiento de nuestros votos y constituciones, es decir, el camino hacia la santidad que Dios ha trazado para los miembros de la comunidad en general, al mismo tiempo que descubriendo mediante la vida de oración y de fraternidad, los designios personales entre el alma y Dios para el beneficio de ésta y la gloria de Aquél: he ahí nuestra alegría especial en este encuentro, ya que por unos pocos días nuestra comunidad creció y así pudimos compartir tanto la oración cuanto nuestras experiencias en nuestros actuales monasterios.

Damos gracias a Dios y a la Sagrada Familia por todos los beneficios recibidos durante esta breve pero muy fecunda convivencia, y encomendamos a sus oraciones en esta oportunidad a todos nuestros monjes, dedicados a rezar y ofrecer sacrificios por los que no rezan y por los que no se abrazan a la cruz salvadora de nuestro Señor Jesucristo, y por la conversión y santificación de las almas.

Con nuestra bendición, en Cristo y María:

Monjes del Monasterio de la Sagrada Familia,

Séforis, Tierra Santa.

 

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Breves del Monasterio de la Sagrada Familia: Ordenación episcopal, predicación de ejercicios espirituales, peregrinos y más.

Queridos amigos:

Es un hecho bastante constatable, que infatigablemente Dios nos bendice con sus gracias y nos permite aportar nuestro grano de arena en favor de las almas que nos encomienda y por las cuales pedimos cada día en nuestras oraciones, y de manera especial aquellas que visitan lo que queda de la casa de santa Ana tras estos silenciosos muros… ante lo cual no podemos más que agradecer constantemente e intentar traducir en obras esa gratitud. Pues bien, en esta oportunidad les compartimos brevemente algunos de estos motivos para dar gracias a Dios, vividos estos últimos días desde acá.

 

Ordenación episcopal

Por gracia de Dios, hemos podido asistir a la santa Misa de ordenación de Monseñor Rafic Nahra, vicario del Patriarcado latino para esta zona. Para algunos de nosotros fue la primera vez que veíamos una ordenación episcopal, siendo realmente hermosa y muy emocionante la liturgia en que se lleva a cabo, especialmente el momento en que el óleo consagrado desciende desde la cabeza para consagrar al nuevo obispo, a quien ya conocemos de antes y que siempre ha sido muy paternal con nosotros, incluso visitándonos aquí mismo, en el monasterio. Encomendamos a sus oraciones a Mons. Rafic y pedimos especialmente por los frutos de su ministerio.

 

Peregrinos amigos

Estos días hemos recibido la visita de la mamá de dos de nuestros sacerdotes y una de nuestras religiosas, Rita, a quien conocemos hace años y quien finalmente pudo venir a visitar a sus hijos misioneros y también nuestro monasterio. También hemos ido recibiendo poco a poco más grupos de peregrinos propiamente dichos, quienes luego del fin de las restricciones para poder entrar al país, están comenzando a ornamentar nuevamente las calles de Nazaret, Jerusalén, y de todos los lugares santos que llevaban dos años esperando su regreso.

 

Hace varios años conocimos, entre otros tantos sacerdotes peregrinos, al P. Denis, legionario que cada año hasta antes de la pandemia traía grupos del Salvador y Centroamérica, para celebrar aquí la santa Misa, ,mientras alguno de los monjes se queda atendiendo confesiones, y hacer una hermosa catequesis acerca de los padres de María santísima y de la familia, y charlas afectuosamente con los monjes, a quienes siempre nos pide que les expliquemos a los peregrinos acerca de nuestra vida monástica y de la importancia de este lugar santo. Fue muy lindo volver a recibir grupos grandes y traídos por un sacerdote amigo, además de ver nuevamente algunas de las caras conocidas y muchas más nuevas, quienes siempre amables y generosos con nosotros se fueron muy contentos y agradecidos, al igual que nosotros por su visita. Rezamos por los frutos de esta santa peregrinación.

 

Ejercicios espirituales para nuestras hermanas SSVM

La predicación de los ejercicios espirituales según el método de san Ignacio de Loyola, ocupa un lugar muy importante para nosotros, al punto de que nosotros mismos terminamos nuestro año de noviciado realizando el esquema original, de un mes completo en silencio y meditación, el cual repetimos cada 10 años (el de mes), pero que cada año realizamos de la manera más común y que solemos predicar para otros religiosos y laicos, por unos 5 días más o menos, dando como siempre abundantes frutos espirituales y enormes gracias para la santificación de nuestras almas. Una gracia del todo grande y especial. Pues bien, en esta ocasión 4 de nuestras religiosas, Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, pudieron realizar sus ejercicios espirituales anuales, predicados en esta oportunidad por el P. Jason durante esta semana. Rezamos por la santificación y misión de las hermanas.

Finalmente recibimos la muy grata visita de nuestros monjes del otro lado del Jordán, pero eso merece una crónica especial que les compartiremos la próxima semana.

Siempre agradecidos y correspondientes a sus oraciones, y con nuestra bendición,

En Cristo y María:

P. Jason y P. Gonzalo, Monjes del Monasterio de la Sagrada Familia,

Séforis, Tierra Santa.

“VISITA DE LOS FRANCISCANOS AL MONASTERIO” (Y regreso de los peregrinos)

Queridos amigos:
Junto con la llegada de la primavera, por gracia de Dios, han comenzado a llegar también -poco a poco-, los peregrinos a Séforis. Ya las flores del jardín han comenzado a ornamentar con sus colores el monasterio, y de la misma manera podríamos decir que los hábitos religiosos y piadosas plegarias de los cristianos también han comenzado a decorar en más de una oportunidad tanto la capilla como las ruinas de la basílica que resguarda los restos de la casa de santa Ana.
Digno de mención es el hecho de que varios grupos nos han empezado a contactar para averiguar acerca de los horarios de atención y sobre la posibilidad de celebrar aquí la santa Misa, como algunos sacerdotes y hermanas del Pontificio Colegio mexicano y los hermanos y sacerdotes franciscanos que estudian teología en el lugar llamado “de la flagelación”, debido a su actual ubicación en el lugar que recuerda dicho acontecimiento de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, entre otras variadas y gratas visitas.
Después de la santa Misa de los frailes franciscanos, con algunos de los cuales ya nos conocemos hace años, pudimos saludarlos y contarles un poco acerca del monasterio y nuestra familia religiosa del Instituto del Verbo Encarnado, nuestro estilo de vida y misiones en el mundo, como siempre con un espíritu muy fraterno y la invitación de ellos para visitarlos cuando andemos por Jerusalén.
Damos gracias a Dios, a la Sagrada Famlia y a sus oraciones por esta nueva etapa para nuestro monasterio, en que esperamos poder recibir cada vez más almas devotas que vengan a rezar en este sencillo pero santo lugar; renovando nuestro compromiso de rezar por ustedes y sus intenciones, así como pidiéndoles especiales oraciones por los peregrinos de los santos lugares.
Con nuestra bendición, en Cristo y María:
Monjes del Monasterio de la Sagrada Familia,
Séforis, Tierra Santa.

AVISO SOBRE EL HORARIO DE ATENCIÓN

Queridos peregrinos y guías:

Les informamos que gracias a Dios este año podremos celebrar la liturgia de Semana Santa y predicar Ejercicios Espirituales, así que a continuación les comunicamos los días en que el monasterio estará cerrado todo el día (además de cada lunes del año). Buena semana.

Desde el 13 al 18 de abril: Semana Santa a partir del Miércoles Santo
Desde el 24 al 30 de abril: Actividad monástica con otro monasterio
Desde el 1 al 7 de mayo: Predicación de Ejercicios Espirituales anuales
8 de mayo: Aniversario de fundación de este monasterio y solemnidad de nuestra Señora de Luján.

Monjes del Monasterio de la Sagrada Familia.

La mujer adúltera

  • Poesía
  • (JN 8, 1-11)
+++
Se encontraba Jesucristo
predicando allá en el templo,
multitudes lo escuchaban
como auténtico maestro;
+
Acudían las ovejas
a los pastos del divino
que curaba las dolencias
de los tristes y afligidos;
+
Cuando entonces los escribas
con los zorros fariseos
le presentan una rea
sorprendida en adulterio,
+
Y poniéndola en el medio,
aumentando su ignominia,
con irónica consulta
se dirigen al Mesías:
+
“La mujer que estás mirando
por culpable la traemos,
descubierta fue flagrante
en delito de adulterio;
+
En la ley Moisés nos manda
que apedreemos sin demora
a mujeres semejantes:
¿Tú, qué dices de estas cosas?”;
+
Pero hablaban con engaño
pues buscaban un motivo
de acusarle de rebelde
a la ley de los antiguos.
+
Mas Jesús no dice nada
e inclinándose hasta el suelo
sus deseos desconcierta
escribiendo con el dedo;
+
Mas como ellos insistiesen
exigiendo una respuesta,
se levanta bien erguido
y responde con sorpresa:
+
“De vosotros quien se encuentre
en conciencia sin pecado,
la primera de las piedras
que le arroje sin retraso”,
+
E inclinándose de nuevo
tan sereno como era,
sin mirarlos continúa
escribiendo en la tierra.
+
Y en oyendo sus palabras,
perturbados y molestos,
uno a uno se marcharon
comenzando por los viejos;
+
La mujer de pie en el medio
continúa sin moverse,
solamente quedó Cristo,
los demás están ausentes.
+
Levantando la cabeza
se dirige a la culpable
el Autor de la justicia
con mirada penetrante:
+
¿Dónde están los fariseos
que apedreada te quisieran?,
¿dónde fueron los escribas?;
¿es que nadie te condena?
+
Sollozante y compungida,
con extraña fortaleza,
y un susurro quebrantado:
“Señor, nadie”, le contesta.
+
Y el Mesías bondadoso,
perdonándola con creces,
le responde con ternura:
“ve tranquila; ya no peques”
+
P. Jason.

Peregrinación a Nazaret

Desde el Monasterio de la Sagrada Familia

Queridos amigos:

Como bien sabemos, una peregrinación significa realizar un viaje a un lugar sagrado o santuario que se emprende por piedad, adoración, penitencia, para pedir alguna gracia o simplemente como acción de gracias, normalmente caminando ya que implica el ofrecer algo a Dios, comenzando por el esfuerzo que lleva consigo el hecho de realizarla. Es así que según las posibilidades, las peregrinaciones serán diversas, pero lo importante es aquel sentido sobrenatural que motiva y acompaña según las razones por las cuales se realiza que hemos citado arriba: “por piedad”, para poder llegar a rezar y venerar una capilla u otro lugar santo y las posibles reliquias o recuerdos de los santos que hayan pasado por allí; “por adoración”, para rendir a Dios el culto que se merece como el Todopoderoso, reconociendo su absoluta soberanía así como sus innumerables beneficios en favor nuestro; “por penitencia”, es decir, como reparación de nuestros pecados y expresión de nuestra reconciliación con Dios, ofreciéndole todo el sacrificio que nos pueda costar el llegar al lugar al que le hemos ofrecido peregrinar, sea una catedral, un santuario dedicado a su Madre, una capilla, etc.; “para pedir alguna gracia”, porque tenemos muchos pasajes de la Sagrada Escritura en los cuales se deja ver bien claro que Dios a menudo nos concede sus gracias, pero para algunas especiales nos pide algo a cambio (comenzando por un sincero acto de fe), ante lo cual nos podemos adelantar proponiéndole nuestras acciones, nuestra conversión y particularmente nuestros sacrificios; y esto no es extraño a lo largo de la historia de la Iglesia, en que tantas veces nos encontramos con personas que le han pedido alguna gracia muy especial a Dios y a cambio le han ofrecido generosos actos de devoción. Finalmente, podemos ofrecer una peregrinación (por más que no sea muy larga, es decir, a veces nos resulta difícil ir muy lejos, pero aun así podemos ofrecerle a Dios ir a rezar a tal o cual lugar, lo importante es la buena intención que acompañe nuestro ofrecimiento), como “simple acción de gracias” por tantos beneficios recibidos, los cuales siempre podemos tener presente, como la vida misma, la vida de la gracia, la posibilidad de practicar nuestra fe y de recibir los sacramentos, etc.

Pues bien, teniendo todo esto presente, por gracia de Dios (y gracia tras gracia…), pudimos realizar una peregrinación a la basílica de la Anunciación en Nazaret, donde hace pocos días pudimos celebrar la solemnidad de la Encarnación junto con nuestra familia religiosa del Verbo Encarnado, con la santa Misa presidida por el Patriarca; esta vez ofreciendo los esfuerzos por todas las almas que se encomiendan a nuestras oraciones y que nos acompañan a la distancia; que son muchas y les estamos muy agradecidos por tantas oraciones y mensajes que nos llegan comprometiendo sus oraciones por “los monjes de Séforis”, y por las intenciones que constantemente les pedimos sumar a las que nos llegan desde varias partes del mundo para rezar. Fue así que emprendimos el viaje luego de la Adoración Eucarística de la mañana y de la santa Misa, comenzando con el ofrecimiento de la peregrinación por todas estas almas que nos acompañan a la distancia -como hemos dicho-, y también por nuestra familia religiosa, nuestros familiares, amigos, bienhechores, etc.; y por las necesidades de la Iglesia y del mundo entero, como la paz en los lugares de guerra y donde a los cristianos les resulta más difícil practicar su fe.

Como no hay un camino especial para los peatones, hicimos el recorrido por el costado de la carrera hacia el centro de Nazaret, a poco más de 10 kilómetros de nuestro monasterio, rezando el santo Rosario apenas salimos a la ruta principal, y luego de dos horas exactas llegamos a nuestro destino: la basílica de la Anunciación, donde pudimos rezar tranquilamente a la vez que nos alegramos de ver nuevamente grupos de peregrinos rezando también frente al lugar donde María santísima se convirtió en la Madre de Dios por la Encarnación.

A continuación, visitamos el lugar donde la Tradición sitúa la sinagoga donde Jesucristo leyó el rollo de la Escritura afirmando que aquel día “se cumplía esa escritura” (Lc 4, 21), leyendo el Evangelio de dicho acontecimiento y visitando luego la Iglesia Melquita que se encuentra justamente al lado, acompañados por el sacerdote que vive allí quien se acercó a saludarnos y amablemente nos mostró él mismo el hermoso templo mientras nos conta

Finalmente regresamos también caminando al monasterio, agradecidos de esta oportunidad de rezar y hacer apostolado con las personas que nos preguntaban que quiénes éramos y qué hacíamos allí, para descansar un poco y retomar luego nuestra vida normal, con la Adoración Eucarística de la tarde y la gran satisfacción de haber podido realizar y ofrecer una nueva peregrinación.

En Cristo y María:

P. Jason Jorquera y P. Gonzalo Arboleda,

Monjes del Monasterio de la Sagrada Familia.

Novena para la solemnidad de la Encarnación del Hijo de Dios

Monasterio de la Sagrada Familia, Séforis-Tierra Santa

Oraciones para cada día

Día primero: Por el Papa y por la Iglesia

Señor Jesús, Cordero de Dios, cuya Encarnación fue necesaria para rescatarnos de las consecuencias del pecado; te pedimos por el santo Padre y por tu Iglesia, para que seamos fieles al salvífico Evangelio que nos predicaste por medio de tu santa humanidad.

Día segundo: por la unidad de los cristianos

Señor Jesucristo, cuyo amor por los hombres te llevó a encarnarte en busca de su redención, te pedimos por la unidad de los cristianos, que cumplamos en nosotros aquel deseo que elevaste al Padre eterno de que todos seamos uno[1] por tu amor, así como Tú y el Padre lo son con el Espíritu Santo desde toda la eternidad.

Día tercero: Por las Misiones Ad Gentes que han sido confiadas al Instituto, particularmente en los lugares más difíciles

Señor y Dios nuestro, que por tu Encarnación nos manifestaste al mismo tiempo tu bondad, sabiduría y poder infinitos, asumiendo nuestra pobre naturaleza humana para hacerla recuperar, mediante tu cruz, la gracia perdida por Adán; te pedimos por las Misiones Ad Gentes encomendadas a nuestra Familia Religiosa, especialmente las más difíciles; que tu copiosa gracia convierta los corazones más empedernidos y se siga extendiendo junto con tu doctrina salvífica por el mundo entero.

Día cuarto: Por todos los miembros del IVE, por nuestra fidelidad al carisma recibido y perseverancia en la vocación

Señor Jesucristo, que en virtud de tu Encarnación nos dejaste en tu santa humanidad ejemplo de todas las virtudes para que siguiéramos tus huellas, te pedimos por todos los miembros del Instituto del Verbo Encarnado, para que seamos fieles al Carisma del Espíritu Santo que recibió nuestro fundador, y para que podamos perseverar hasta el final en la vocación a la vida consagrada que tu bondad nos concedió, y que podamos cumplir tu voluntad en todas nuestras empresas.

Día Quinto: Por las Servidoras del Señor y la Virgen de Matará

Señor Jesús, que mediante tu Encarnación viniste a hacernos partícipes de tu divinidad mediante la gracia, elevando así nuestra naturaleza a la excelsa dignidad de hijos del Altísimo, te pedimos por las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, para que permanezcan siempre fieles a tu servicio y entregadas totalmente a tu gloria y salvación de las almas.

Día sexto: Por los miembros de la Tercera Orden

Señor y Dios nuestro, en cuya Encarnación asumiste todo lo verdaderamente humano, menos el pecado, te pedimos por los miembros de nuestra Tercera Orden, para que perseveren fielmente en el compromiso asumido dentro de nuestra “Familia del Verbo Encarnado”, tomando siempre parte activa en la defensa de la Verdad revelada.

Día séptimo: Por nuestros difuntos

Señor Jesucristo, Camino, Verdad y Vida para nuestras almas, que haciéndote hombre cimentaste en Ti mismo nuestra fe, te pedimos por nuestros difuntos, que puedan gozar eternamente de la gloria que la fe nos ofrece junto a Ti.

Día octavo: Por las vocaciones

Señor y Dios nuestro, en cuya Encarnación encontramos una fuente inagotable de esperanza, ya que en ella se nos demuestra cuán grande es el amor de Dios por el pecador que viene a rescatar, te pedimos por el aumento, perseverancia y santificación de las vocaciones consagradas, que jamás falten operarios que correspondan con una entrega total al servicio de tu mies.

Día noveno: Por nuestros benefactores

Señor Jesucristo, cuyo amor inabarcable por los hombres nos manifestaste en tu sagrada Encarnación,  liberándonos de la esclavitud del pecado y dándonos por medio de ella la posibilidad de corresponder a tu infinita bondad; te pedimos por nuestros benefactores, tanto materiales como espirituales, por su santificación e intenciones, y para que nunca falten a tu Iglesia almas generosas que la quieran ayudar y contribuir a tu mayor gloria y salvación de las almas.

Letanías del Verbo Encarnado

Ant: Bendito sea el Verbo que se encarnó de María Virgen.

  • Bendito sea el Verbo, Segunda Persona de la Santísima Trinidad.
  • Bendito sea el Verbo, que preexiste desde siempre.
  • Bendito sea el Verbo, por quien todas las cosas fueron hechas.
  • Bendito sea el Verbo, que se hizo carne y habitó entre nosotros.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, que ilumina a todos los hombres.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, que se anonadó a sí mismo tomando forma de esclavo.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, que se formó por nueve meses en el seno de la Santísima Virgen María.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, que fue bautizado por Juan en el Jordán.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, que eligió a sus discípulos.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, que proclamó las bienaventuranzas.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, que predicó la penitencia.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, que todo lo hizo bien.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, pobre, casto, y obediente hasta la muerte.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, sacerdote, rey, y profeta.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, pan para la vida del mundo.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, que se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, varón de dolores.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, manso y humilde de corazón.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, que descendió a los infiernos.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, que resucitó al tercer día según las Escrituras.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, que ascendió a los cielos.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, que ha de venir nuevamente.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, sumo y eterno Sacerdote.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, Cabeza de todas las cosas, celestes y terrestres.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, presente en toda alma en gracia.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, presente bajo las especies de pan y vino.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, en la espada del Espíritu, que es su Palabra.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, en quien todas las cosas han de ser restauradas.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, Rey de todos los pueblos.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, signo de contradicción.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, Sol que nace de lo alto.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, Camino, Verdad y Vida.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, Cabeza de su Cuerpo, la Iglesia.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, que envió al Espíritu Santo.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, en los siete sacramentos que nos entregó.
  • Bendita sea la Madre del Verbo Encarnado, María Santísima.
  • Bendita sea la Madre del Verbo Encarnado, Corredentora.
  • Bendito sea el Verbo Encarnado, Principio y Fin, Alfa y Omega, Primero y Último.

Oración final

Señor, Dios nuestro, que quisiste que tu Verbo se encarnase en el seno de la santísima Virgen María, concede a quienes proclamamos que nuestro Redentor es Dios y hombre verdadero, que lleguemos a ser partícipes de su naturaleza divina, y que jamás dejemos de trabajar esforzadamente por tu gloria y por las almas que tu misericordia sin límites nos ha encomendado.

Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

[1] Cf. Jn 17,21

El significado de la cuaresma

Sermón 250 de san Agustín

  1. En esta fecha iniciamos la observancia de la cuaresma, que, una vez más, se presenta con la acostumbrada solemnidad. Es deber mío dirigiros una exhortación también solemne, para que la palabra de Dios, servida por nuestro ministerio, alimente el corazón de quienes van a ayunar corporalmente. De esta forma, vigorizado el hombre interior por su propio alimento, podrá llevar a cabo y mantener con fortaleza la mortificación del exterior. Se ajusta a nuestra devoción el que quienes vamos a celebrar la pasión, ya cercana, del Señor crucificado, nos hagamos también nosotros mismos una cruz consistente en refrenar los placeres de la carne, conforme a las palabras del Apóstol: Los que son de Jesucristo crucificaron la carne con sus pasiones y concupiscencias (Ga 5, 24). El cristiano debe permanecer pendiente de esta cruz durante toda esta vida que transcurre en medio de tentaciones. No hay tiempo en esta vida para arrancar los clavos de los que se dice en el salmo: Traspasa mi carne con los clavos de tu temor (Sal 118, 120). Carne equivale aquí a concupiscencia carnal; los clavos son los preceptos de la justicia; con ellos clava a la carne el temor de Dios, que nos crucifica cual hostia aceptable para él. Por eso dice también el Apóstol: Os suplico, por tanto, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios (Rm 12, 1). Es ésta una cruz en la que el siervo de Dios no sólo no se siente confundido, sino de la que hasta se gloría, al decir: Lejos de mí gloriarme en otra cosa que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo (Gal 6, 14). Esta cruz -digo- no dura sólo cuarenta días, sino la totalidad de esta vida, simbolizada en el número místico de estos cuarenta días, sea porque, según la opinión de algunos, el hombre que ha de venir al mundo se forma en el seno materno en el espacio de cuarenta días, sea porque los cuatro evangelios van de acuerdo con los diez mandamientos, y la multiplicación de ambos números da aquel otro, manifestando así que ambas Escrituras son necesarias en esta vida; sea, finalmente, por cualquier otro motivo, más probable quizá, que pueda hallar otra mente mejor y con más luces. Ésta es la razón por la que tanto Moisés y Elías como el mismo Señor ayunaron durante cuarenta días: darnos a entender que en Moisés, Elías y en el mismo Cristo, es decir, en la ley, los profetas y el Evangelio, estamos nosotros en el punto de mira, para que no nos acomodemos y adhiramos a este mundo, sino que crucifiquemos el hombre viejo, no entregándonos a comilonas y borracheras, a deshonestidades e inmundicias, a pendencias o envidias, sino revistiéndonos del Señor Jesús, sin hacer caso de la carne y sus apetencias (Cf Rom 13, 13-14). Cristiano, vive siempre así en este mundo. Si no quieres hundir tus pasos en el fango de la tierra, no desciendas de esa cruz. Mas si esto ha de hacerse durante toda la vida, ¡con cuánto mayor motivo en estos días de cuaresma, en los que no sólo se vive, sino que se simboliza esta vida!
  2. En los restantes días tenéis que procurar que vuestros corazones no se carguen con la crápula y el vino (Cf Lc 21, 34); en éstos, ayunad también. En los otros días no debéis caer en adulterios, fornicaciones o cualquier otra corruptela ilícita; en éstos absteneos también de vuestras mujeres. Lo que ahorráis con vuestro ayuno, añadidlo a lo que dais en limosna. El tiempo que se empleaba en cumplir el deber conyugal, dedíquese a la oración. El cuerpo que se deshacía con afectos carnales, póstrese en pura actitud de súplica. Las manos que se entrelazaban en abrazos, extiéndanse en oración. Y vosotros que ayunáis también otros días, aumentad en éstos lo que ya venís haciendo. Los que a diario crucificáis el cuerpo con la continencia perpetua, en estos días uníos a vuestro Dios con oraciones más frecuentes e intensas. Vivid todos concordes, poseed todos la fe y la fidelidad, suspirando en esta peregrinación por el deseo de aquella única patria y enfervorizados en su amor. Que nadie envidie en el otro el don de Dios que él no posee ni se mofe de él. En cuanto a los bienes espirituales, considera tuyo lo que amas en el hermano, y él considere suyo lo que ama en ti. Que nadie, bajo capa de abstinencia, pretenda cambiar antes que atajar los placeres, buscando, por ejemplo, costosos manjares porque no come carne, o raros licores porque no bebe vino, no sea que la disculpa de domar la carne sirva para aumentar el placer. Todos los alimentos son, sin duda, puros para los puros (Cf Tt 1, 5), pero en nadie es puro el exceso.
  3. Ante todo, hermanos, ayunad de porfías y discordias. Acordaos del profeta que reprobaba a algunos, diciendo: En los días de vuestro ayuno se manifiestan vuestras voluntades, puesto que claváis la aguijada a cuantos están bajo vuestro yugo y los herís a puñetazos; vuestra voz se oye en el clamor (Is 58, 3-4), etc. Dicho lo cual añadió: No es éste el ayuno que yo he elegido, dice el Señor (Is 58, 5). Si queréis gritar, repetid aquel clamor del que está escrito: Con mi voz clamé al Señor (Sal 141, 2). No es un clamor de lucha, sino de caridad; no de la carne, sino del corazón. No es aquel del que se dice: Esperaba que cumpliese la justicia y, en cambio, obró la iniquidad; esperaba la justicia, pero sólo hubo clamor (Is 5, 7). Perdonad, y se os perdonará; dad, y se os dará (Lc 6, 37-38). Éstas son las dos alas de la oración con las que se vuela hacia Dios: perdonar al culpable su delito y dar al necesitado.

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