Desde la casa de santa Ana








































































Queridos amigos:
A continuación, les compartimos algunas breves noticias de nuestro monasterio en este último tiempo tan especial.
“Arreglos en la capilla”
Además del constante mantenimiento del jardín, hemos podido realizar algunos arreglos en la capilla, como lijar y rebarnizar el sagrario, a la vez que ponerlo en el centro de la capilla y agregar arriba del cuadro de la Virgen, pintado por el P. Jason, una hermosa cruz de madera hecha por el Hno. Cristóbal, quedando así unifcadas estas pequeñas contribuciones de nuestros monjes en el lugar más importante del monasterio, pues es donde se encuentra Jesucristo Sacramentado y donde a diario rezan los monjes.
“Ángelus en Nazaret”
Junto con el P. Carlos Ferrero, nuestro Provincial, fuimos a visitar a los padres y hermanos franciscanos a Nazaret, donde ya más de una vez nos habían invitado y finalmente lo hicimos. Por gracia de Dios pudimos participar del rezo del Ángelus junto a los restos de la casa de María Santísima, lugar preciso de la Encarnación del Hijo de Dios, y luego compartir un momento fraternal donde pudimos hablar acerca de lo que hacemos cada uno en los santos lugares. Finalizamos la jornada con el tradicional café que es una verdadera impronta en Medio Oriente.
“Fiesta de la Transfiguración del Señor”
Este año, al no poder ir al Monte Tabor, celebramos la santa Misa con un grupo de nuestras hermanas, quienes estaban peregrinando por Galilea y aprovechamos de rezar y festejar con un desayuno comunitario luego de la santa Misa. Después las hermanas siguieron con su peregrinación por los santos lugares.
“Visitas de peregrinos”
Hemos comenzado a recibir, poco a poco, visitas de variados pequeños grupos locales: guías turísticos hebreos y árabes, religiosos y religiosas, laicos, etc. El P. Marcelo Gallardo nos visitó junto con unos jóvenes, con quienes venían en peregrinación; también religiosas de Lavra Netofa y Deir Rafat, quienes quisieron pasar a conocer y cantar a la Virgen en el lugar que antaño la viera jugar de niña; también los padres Misioneros de la Caridad de Nazaret nos visitaron y pasaron a rezar a la capilla.
Damos gracias a Dios por todos lo beneficios recibidos y la posibilidad de atender a quienes vienen a visitar los restos de la casa de santa Ana, y nos encomendamos a sus oraciones, como siempre, pidiéndoles especialmente por los cristianos de Medio Oriente.
En Cristo y María:
Monjes del Monasterio de la Sagrada Familia,
Séforis, Tierra Santa.











Queridos amigos:
Como en todo el mundo, las actuales circunstancias han restringido muchas cosas, como la apertura de algunos santuarios y sus celebraciones, y la casa de santa Ana no ha sido la excepción. Sin embargo, eso no significa que no nos hayamos preparado como la ocasión lo amerita; fue así que aumentamos las horas de trabajo para limpiar lo más posible y embellecer el monasterio y disponernos mediante el Triduo y demás para participar lo mejor posible del gran día de nuestro monasterio.
Este año la solemnidad de san Joaquín y santa Ana fue del todo especial en nuestro monasterio: a puertas cerradas y menos de 20 personas pues no se podía de otra manera, es decir, que en la santa Misa éramos pocos…, pero en las oraciones fuimos muchos. Nos resulta imposible terminar de ver -y más aun, responder- a todos los mensajes de acompañamiento y compromiso de oraciones que nos llegan; es así que como siempre les agradecemos a todos los que de diversos países nos acompañan con sus plegarias y sacrificios, a los cuales correspondemos siempre con los nuestros: “Dios los bendiga”, “la Virgen los acompañe”, “gracias por compartir”, “saludos y bendiciones desde…”, suelen ser los mensajes que más recibimos y agradecemos. Este año fuimos muchos en unión de oraciones y es por eso que la santa Misa la ofrecimos por la Iglesia y el mundo entero, por las intenciones y necesidades espirituales y materiales de ustedes, de nuestras familias, amigos, benefactores, etc., pidiendo de manera especial que las cosas cambién y mejoren, y que sepamos aprovechar las pruebas para aferrarnos más a Dios como buenos hijos suyos.
El trabajo en tierra de misión siempre es arduo, porque sin Cruz no hay santificación ya que en ella se encuentra a Cristo, pero ciertamente la comunión de oraciones hace que nos ayudemos entre todos a seguir adelante y perseverar en la voluntad de Dios, y eso es lo que pedimos para todas las almas encomendadas a nuestras oraciones.
Por gracia de Dios, para la ocasión nos acompañó nuestro Provincial, el P. Carlos Ferrero, y pudimos compartir con algunos de los padres franciscanos que vinieron y las hermanas Hijas de santa Ana; además de recibir por la mañana la visita de un pequeño grupo nuestras religiosas, misioneras en Tierra Santa, compartiendo también la santa Misa más temprano.
Desde la antaño casa de santa Ana, san Joaquín y la Virgen, y muy probablemente san José y Jesús temporalmente, nuestras oraciones por sus intenciones.
En Cristo y María:
Monjes del Monasterio de la Sagrada Familia,
Séforis, Tierra Santa.
A continuación, les ofrecemos algunas fotos en orden más o menos cronológico: desde los preparativos hasta la santa Misa.
La nueva bandera para la torre de la Iglesia
Los preparativos:














Ciertamente que hoy es un día especial: es Domingo, día del Señor, pero uno de aquellos domingos que “poseen un nombre más largo”, como el “Domingo de la Divina Misericordia” o el “Domingo del buen Pastor”. Hoy celebramos el cumplimiento de una promesa, la constatación de una victoria y un milagro demasiado grande que se contiene en pequeño: hoy es el Domingo de Corpus Christi; en que la promesa de Jesucristo de “permanecer con nosotros hasta el fin de los tiempos” (Mt 28, 20), su victoria sobre el pecado y sobre la muerte y su maravillosa y redentora iniciativa de hacerse por nosotros “Pan de vida” (Jn 6,35), se sintetizan y se nos comunican en la Sagrada Eucaristía: Jesucristo mismo hecho sacramento por amor a los hombres, ofreciéndose a ellos como pan de eternidad y don del Cielo, presente en todos los sagrarios del mundo y esperando nuestra compañía y nuestra recepción, es decir, quedándose “con nosotros y entre nosotros”. Y, siendo que cada solemnidad es en sí misma especial, esta vez fue algo diferente…
No se dieron las condiciones como para hacer una gran procesión, como se acostumbra (de hecho, finalmente no tuvimos feligreses); y, sin embargo, hicimos lo que pudimos porque el fin es siempre el mismo: darle gloria a Dios; con lo que se tenga y como se pueda, no importa si a veces es poco, el resto lo debe suplir la buena voluntad. Así que luego de la santa Misa, expusimos el Santísimo Sacramento e hicimos de todas maneras la procesión: Jesucristo sacramentado abriendo camino, yo sosteniéndolo en la custodia y el hermano Cristóbal con el turíbulo llevando el incienso, ambos cantando y rezando hasta la mesita preparada para la bendición. Debo decir que justo antes de salir de la capilla pensé fugazmente en los emocionantes ejemplos que tantas veces nos contaban los misioneros que pasaban por el seminario así que ellos me entenderán; en lo que implica para el misionero “querer ofrecer más”, querer llenar para Dios las iglesias, querer que sean más y más las almas que participen de la liturgia y aprovechen los sacramentos… pero por diversas circunstancias, a veces -especialmente en las misiones que recién comienzan-, esto sencillamente no se puede; lo cual si bien por una parte duele, por otra es un gran incentivo para seguir rezando, sacrificarse y trabajar más intensamente el la misión, donde a menudo nos encontramos con limitaciones; pero con la confianza necesaria para seguir delante pues la obra no es nuestra sino de Dios; y mientras uno ponga los medios correspondientes, Él mismo se encargará de todo lo demás y de la manera que Él quiera, pues Él conoce sus tiempos… tal vez el próximo año seamos más, no lo sé, pero lo que sí sabemos, especialmente estando en tierra de misión, es que al igual que en la procesión Eucarística, “Jesucristo sabe abrirse camino”. Del misionero depende la entrega cada vez más profunda a Dios y dejar el resto en sus manos.
Este Corpus Christi fue diferente, fue más íntimo… dos monjes católicos en un lugar donde la creencia es otra, y, sin embargo, rezando y dando gloria a Dios con lo poco que tenían: ¡qué gran bendición! Ya regresarán los peregrinos, Dios sabe cuándo, pero mientras tanto hay que esperar buscando la santidad… y ese “mientras tanto” implica toda nuestra vida.
Finalmente, la bendición Eucarística, luego de rezar las letanías del Santísimo Sacramento, se dirigió hacia toda Galilea desde el patio del monasterio, prolongando así la bendición que hace 2000 años recibió esta tierra al recibir al Hijo de Dios que entraba con su cuerpo humano y su redención en este mundo, para llegar desde aquí a todas partes hecho sacramento por medio la Iglesia y sus misioneros.
Dios los bendiga; seguimos rezando por sus intenciones y a sus oraciones, como siempre, nos encomendamos.

“TRABAJOS EN EL MONASTERIO”
(Nueva cruz para el jardín)
“En el trabajo humano el cristiano descubre una pequeña parte de la cruz de Cristo y la acepta con el mismo espíritu de redención, con el cual Cristo ha aceptado su cruz por nosotros. En el trabajo, merced a la luz que penetra dentro de nosotros por la resurrección de Cristo, encontramos siempre un tenue resplandor de la vida nueva, del nuevo bien, casi como un anuncio de los «nuevos cielos y otra tierra nueva», los cuales precisamente mediante la fatiga del trabajo son participados por el hombre y por el mundo. A través del cansancio y jamás sin él. Esto confirma, por una parte, lo indispensable de la cruz en la espiritualidad del trabajo humano; pero, por otra parte, se descubre en esta cruz y fatiga, un bien nuevo que comienza con el mismo trabajo: con el trabajo entendido en profundidad y bajo todos sus aspectos, y jamás sin él.” (San Juan Pablo II)
Queridos amigos:
Queremos agradecer sus oraciones y mensajes por el monasterio y junto con ello compartirles algunas fotos de los últimos trabajos, como la nueva cruz -más alta-, ya que la anterior se había deteriorado mucho por ser de madera vieja, al punto de caerse.
Ciertamente que el mantenimiento del lugar es trabajo de todo el año, pero poder realizarlo es siempre motivo para agradecer y seguir pidiendo oraciones, especialmente por la fidelidad de todos los consagrados, para que seamos fieles a la misión que Dios nos ha encomendado, a cada uno de nosotros, y que podamos así seguir correspondiendo con nuestras oraciones y frecimientos por las necesidades de la Iglesia y del mundo entero.
Con nuestra bendición, en Cristo y María:
Monjes del Monasterio de la Sagrada Familia,
Séforis, Tierra Santa.






