LAS RIQUEZAS DE LA COMUNIÓN – San Juan Pablo II

Homilía domingo 11 de octubre de 1981

Por desgracia, hoy muchos hombres no parecen tener conciencia de las riquezas espirituales que se derivan de la comunión con el Señor. Muchos son seducidos por una actitud materialista y laicista que no quiere reconocer esta dimensión superior del hombre. Es necesario estar en guardia ante estas perspectivas secularizantes. Por eso es necesaria una conversión continua de la mente y del corazón. Sólo así las riquezas de Dios, ofrecidas a los hombres en Cristo, se revelarán cada vez más plenamente a la mirada de nuestras almas.

Con ocasión de la visita de hoy a vuestra parroquia, deseo a cada uno y a todos que, ante la invitación al banquete de bodas de su Hijo, no os comportéis como hemos escuchado en el Evangelio.

En efecto, los primeros invitados no quisieron ir Mt 22,3; después, otros no hicieron caso Mt 22,5; y otros incluso insultaron o mataron a los criados que llevaban la invitación Mt 22,6. Todos ellos, en realidad, no se lo merecían Mt 22,8, probablemente porque, con inaudita presunción y autosuficiencia, juzgaron el banquete inútil o, al menos, inferior a sus propias exigencias y pretensiones.

Fueron los pobres quienes aceptaron la invitación, aquellos que estaban parados en los cruces de los caminos, buenos y malos Mt 22,9-10; es decir, aquellos que, en su humildad, reconocieron la riqueza inmerecida del don de Dios y lo acogieron con sencillez.

Es preciso que también nosotros seamos conscientes de la invitación a una comunión transformante con el Señor, invitación que se nos hace por la Palabra de Dios y la predicación de la Iglesia, y que sepamos acogerla con todo el corazón, con plena disponibilidad, en la certeza de que el Señor sólo quiere nuestra promoción y nuestra salvación.

Finalmente, como sugiere la alegoría del traje nupcial con la que concluye la parábola, también estamos llamados a presentarnos ante el Señor llevando un traje adecuado. Éste consiste en las buenas obras que deben acompañar nuestra fe, como nos advierte el mismo Jesús: Si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos Mt 5,20.

Si esto se realiza, entonces la fiesta será plena e intensa.