Virgen venerable

“Bendita tú entre las mujeres”
P. Gustavo Pascual, IVE
En los Evangelios María Santísima es venerada. Por el Ángel Gabriel: “Alégrate, llena de gracia” . Por Santa Isabel: “bendita tú entre las mujeres” .
“Con todo lo íntimo, pues, de nuestros corazones, con todos los afectos de las entrañas, y con todos los votos y deseos veneremos a esta María, porque ésta es la voluntad de aquel Señor que quiso que todo lo tuviéramos por María” .
La Iglesia en su magisterio enseña que debe tributarse honor y veneración a los santos y especialmente a la Santísima Virgen .
La virtud de la religión es la que nos hace dar el culto debido a Dios.
Existen tres clases de culto: el de latría, sólo a Dios, al cual reconocemos como único Dios verdadero y creador de todas las cosas. A ninguna criatura le debemos culto de latría. El que rinde culto de latría a alguna criatura comete un pecado gravísimo que es la idolatría.
El culto de dulía que rendimos a los santos por su eximia vida en la tierra, por su imitación de Cristo y por haber alcanzado el cielo. Este culto no implica la adoración y es Dios mismo el que ha querido asociarse a sus criaturas en la obtención y distribución de gracias. Por otra parte, por ser una misma comunión la iglesia militante, purgante y triunfante exige de nosotros su veneración para que intercedan y nos obtengan gracias de Dios. Dicha comunión (de los santos) hace que ellos nos ayuden a obtener el premio eterno.
El culto de hiperdulía, culto intermedio entre el de latría y dulía, es exclusivo de María Santísima. No se diferencia en especie del de dulía en cuanto a la santidad ya que aunque María posee la santidad en grado muy superior a todos los santos y ángeles juntos, sin embargo, ellos también poseen santidad. Lo que hace diferente en especie ambos cultos es el privilegio exclusivísimo de la Virgen que por ser Madre de Dios ha quedado incluida en el orden hipostático relativo.
En el Evangelio de Juan dice Jesús: “Yo soy el camino y la verdad y la vida, nadie va al Padre sino por Mí” . ¿Esta cita se opone acaso a la intercesión de María la Madre de Jesús, a su veneración? ¿O, qué hijo se entristece o enoja porque hablemos y honremos a su Madre? ¡Cuánto más Jesús se alegra de que honremos a María! Ella es como el puente por el que nosotros sus hijos espirituales nos unimos con Cristo y por Cristo con Dios.
La virtud de la religión nos exige rendir en primer lugar culto a Dios con culto de latría, a María con culto de hiperdulía (distinción que deshace todas las objeciones protestantes a la veneración de la Virgen).
Pero nuestra veneración a María debe ser interna.
Entre los actos internos que debemos a María la verdadera devoción es un acto especial de la voluntad. Devotos serán los que se consagran a ella para estarle totalmente sometidos . San Luis María Grignion de Montfort habla sobre la verdadera devoción a María en su tratado diciendo que la verdadera devoción debe ser interior, tierna, santa, constante y desinteresada .
Otro acto interno que debemos a María es la oración que puede ser interior o exterior. Por ella el hombre se somete a María y reconoce al pedirle que tiene necesidad de ella, afirmando su oficio de mediadora de gracias . También nuestra veneración a María debe ser externa. Entre los actos externos de la religión señalaremos aquel en el que se incluye el acto exterior de oración que es la alabanza, sobre el cual, trataremos al hablar del título “Virgen laudable”.
Por ser hijos espirituales de María, algunos simples devotos, otros hijos consagrados y otros esclavos de amor debemos venerarla por ser ella la Madre del Verbo Encarnado y también por ser nuestra Madre. Debemos seguir el ejemplo de los santos que la veneraron en sus imágenes, imágenes que nos recuerdan que ella está en el cielo y que debemos amarla e imitarla si queremos llegar junto a ella.

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