











Desde la casa de santa Ana












Desde la casa de santa Ana
Queridos amigos:
Debido a la abundancia de trabajo se nos ha dificultado poder publicar más material de formación y noticias del monasterio, así que, a continuación, les compartimos un poco de lo que ha sido este último tiempo en la casa de santa Ana.
Gracias a Dios y la Sagrada Familia, la situación es notablemente mejor: las personas se ven más tranquilas y confiadas por las calles, y ya desde hace un par de meses que poco a poco los peregrinos comienzan a colorear las calles e iglesias con su devota presencia. Hemos podido recibir a varios grupos locales, retomando un poco la sencilla visita guiada del monasterio cada vez que algún grupo o quien sea lo solicite; hace tiempo que no sonaba la campana del monasterio llamando al monje portero del día para pedir dicha visita guiada, entrar a la capilla o alguna que otra confesión, hermosos vestigios de lo que implican los “momentos fuertes” que recordamos con gran alegría, cuando a veces a todo eso se sumaba celebrar nosotros mismos la santa Misa para los grupos o familias peregrinas que no disponían de un sacerdote, o dedicarnos a confesar mientras algún grupo celebraba la sagrada liturgia. Ayer fue del todo especial, pues recibimos al primer grupo de peregrinos extranjeros desde hace casi un año (un pequeño grupo de españoles), quienes nos pidieron celebrar aquí la santa Misa en la capilla de la Sagrada Familia, misma donde a diario rezamos por sus intenciones y por el mundo entero, y donde cada jueves el Santísimo Sacramento queda expuesto toda la tarde para quienes deseen venir a acompañarlo.
Por otro lado, terminamos la cosecha de limones y elaboración con ellos de la mermelada que, junto con el aceite, nos ayudan al sostenimiento del lugar; pudiendo podar algunos de los olivos más altos para que el próximo año, con la ayuda de Dios, la producción sea abundante.
También agregamos en la capilla la “caja de intenciones”, donde cada peregrino que lo desee pueda escribir y dejar su pedido de oraciones para que los monjes del monasterio recen por ellas, ofreciendo la santa Misa de cada primer Domingo de mes por esas intenciones especialmente, así como por las de todos aquellos que rezan por nosotros. Si bien, de hecho, cada semana celebramos al menos una santa Misa especialmente por estas intenciones, el hecho de dejarlo escrito para los peregrinos esperamos que los mueva a pedir oraciones pues es parte de nuestro deber como consagrados principalmente a la oración (así que cada primer Domingo de mes, sepan que vuestras intenciones estarán presentes en la santa Misa de la casa de santa Ana).
Finalmente pudimos realizar, como cada año, la peregrinación caminando de ida y vuelta hasta la basílica de la Anunciación en Nazaret, a unos 10 kilómetros de Séforis, donde hicimos la correspondiente Adoración frente a la gruta, y donde luego los padres franciscanos, nos invitaron a participar con ellos del rezo del Ángelus junto al altar que está dentro.
Agradecemos a la Sagrada Familia y a todos ustedes por rezar por nosotros, y correspondemos a diario con nuestras plegarias por sus intenciones y necesidades. En esta oportunidad, les pedimos que nos ayuden a rezar por el regreso de los peregrinos a Tierra Santa, donde tantas gracias especiales están “como escondidas” en los santos lugares, gracias de conversión (de las cuales hemos podido ser testigos tantas veces, ¡bendito sea Dios!), gracias especiales para nuestras almas y para nuestros seres queridos, gracias que saben sorprender a las almas devotas, etc.
Siempre en unión de oraciones:
Monjes del Monasterio de la Sagrada Familia,
Séforis, Tierra Santa.




Desde la casa de santa Ana…
Queridos amigos:
Como bien saben, en este lugar santo que alberga los restos de la basílica cruzada erigida en honor de santa Ana, se encuentra el sencillo Monasterio de la Sagrada Familia, y la razón de haberlo nombrado así al llegar nuestros primeros monjes, es el hecho de que históricamente toda la Sagrada Familia debió haber pasado por aquí en algún momento; es decir, sabemos por la Tradición que santa Ana era oriunda de Séforis y probablemente haya nacido aquí, en la antigua capital de Galilea en tiempos de Herodes el grande, también llamada Diocesarea por los romanos, actualmente “Tsippori” (“pájaro” en hebreo, ya que se encuentra en la parte alta del valle, como un ave que observa desde las alturas), y donde -justamente por ser la Capital y estar en construcción durante la infancia y adolescencia de nuestro Señor-, estaba de hecho el trabajo, a diferencia del pequeño pueblo de Nazaret en aquel entonces. Es por este aspecto histórico, además de la sagrada Tradición, que podemos afirmar dicho paso de toda la Sagrada Familia por aquí, sea por vivienda, sea por trabajo, santificando este lugar con su presencia. Pues bien, en atención a este maravilloso dato que solemos compartir con cada grupo que nos visita, es que desde el principio quisimos dedicar la sencilla y pequeña capilla del monasterio a la Sagrada Familia toda, es decir, santa Ana, san Joaquín, la Virgen, san José y, por supuesto, nuestro Señor en sus primeros años habiendo asumido nuestra humanidad. Y para resaltar mejor este grande y silencioso detalle, es que habíamos propuesto mandar a hacer una hermosa pintura que pudiera resaltar al centro de la capilla, y no fue sino hasta hace poco más de dos años que pudimos vislumbrar más de cerca este sueño, cuando un grupo de peregrinos venidos de Taiwan, junto con uno de nuestros sacerdotes y una hermana, pasaron por aquí dejándonos la ayuda que necesitábamos para poder encargar dicha empresa; a continuación, nos hacía falta encontrar al artista, que comprendiera bien no tan sólo el aspecto histórico sino también espiritual al momento de comenzar a realizar su obra, y fue así que por esas cosas de la Divina Providencia nos pusimos en contacto con la hermana María de Jesús sacramentado, de nuestra familia religiosa, quien pese a encontrarse muy ocupada por sus demás trabajos, en seguida se entusiasmó con el proyecto y lo dejó agendado para realizar en cuanto le fuera posible; y fue así que hace poco nos llegó el esperado mensaje avisándonos de que la anhelada pintura estaba terminada; y como si fuera poco, la Sagrada Familia -ciertamente- intercedió, y dispuso todo para que justamente un amigo del monasterio que estaba por viajar nos ofreciera traer lo que nos hiciera falta desde san Rafael, Argentina, donde visitaría a su familia y donde estaba la obra de arte ya terminada.
Sólo Dios sabe la emoción que sentimos al abrir el rollo que contenía una imagen tan hermosa que nos dejó un buen rato con los ojos fijos en ella y nuestra más profunda gratitud a Dios, a la Sagrada Familia, a todos aquellos que de una u otra manera intervinieron para que finalmente llegara hasta Séforis (la hermana que la pintó, la ayuda de los peregrinos, quienes la trajeron y enmarcaron; y todos quienes rezan por nosotros). Finalmente, como corresponde, estas primeras vísperas del Domingo 4º de Adviento, cuyo Evangelio está dedicado a la santísima Virgen María yendo presta a ayudar a santa Isabel, su familia, celebramos la santa Misa como corresponde: siempre solemne, pero además esta vez con la piadosa colocación y bendición de la hermosa pintura que, desde hoy en adelante, ornamentará con gran belleza y devoción la simple capilla dedicada a nuestros amados intercesores en el Cielo.
A continuación, les compartimos la explicación que amablemente nos envió la artista apenas le dimos la buena noticia de que la pintura había llegado sana y salva a su destino:
“…el cuadro lo centré en la Pasión, en la sangre de Jesús. Por eso Él está en el centro. De su Corazón saqué las líneas de la perspectiva, por eso hay uvas, viña; el Niño tiene una uva en la mano, San Joaquín también. Hay rosas rojas, símbolo de la Pasión; la fuente con el león y los tres pajaritos: un petirrojo, un pinzón y un jilguero, a los tres se les llama “pajaritos de la Pasión”, por una leyenda que dice que quisieron sacarle las espinas de la cabeza a Jesús y quedaron rojos salpicados por la sangre. San José lleva una paloma, por la inocencia de Cristo, por eso el Niño está de blanco: la sencillez. Santa Ana y Joaquín de verde por el antiguo testamento. El asiento de la Virgen es corintio, símbolo de la mujer virgen; el de santa Ana es jónico, símbolo de la mujer. La fuente, el león y los pajaritos están atrás del Niño, como figura de Él.”
Con grande alegría y gratitud,
Monjes del Monasterio de la Sagrada Familia.
Séforis, Tierra Santa.








Desde la casa de santa Ana









Monseñor Paul Mamba, 25 sacerdotes y 350 feligreses…
Queridos amigos:
Desde que comenzó la guerra, hace ya casi un año, Tierra Santa se contempla de una manera muy diferente: ya no se ven las multitudes de devotos peregrinos llenando los santuarios y sus calles con toda la abundancia de colores y estilos en sus vestimentas, ni se oyen a lo lejos los murmullos de las variadas lenguas que poco a poco suelen irse reconociendo en la medida en que uno se va acercando a ellos, ni las graciosas mímicas que a veces -por fuerza- son la única manera de hacerse más o menos entender, sea para preguntar o responder, en busca de indicaciones respecto a los lugares, los horarios y la atención de los mismos peregrinos… Sí, Tierra Santa está silenciosa, de duelo, solitaria en cierta medida, reflexiva en sus consagrados. Y para nosotros, que somos de vida monástica, podría ser tiempo de soledad más recogida y mayor dedicación a la contemplación; y sí, está más tranquilo cuando no están los aviones pasando por encima y las ventanas no se estremecen para hacerse notar, pero la razón de esta relativa tranquilidad (que tristemente no es sinónimo de paz), es lo que sigue entristeciendo a todos aquellos que seguimos rezando por el fin de esta guerra.
Nuestra zona está dentro de todo más tranquila, aunque no por eso las personas también lo están, sino todo lo contrario; hay gran preocupación por lo que pueda pasar, embebido de una compleja incertidumbre que a muchos pone fuertemente a prueba; y por esta razón la imagen de santa Ana que custodia el monasterio lleva meses contemplando silenciosa la basílica vacía, porque ya no vienen prácticamente peregrinos a acompañarla y elevar desde allí sus oraciones al Cielo, y prácticamente las únicas figuras que pasan a diario delante de ella son los monjes rumbo a la capilla y cuando la vistan para regar sus flores y encenderle aquella pequeña vela que representa las intenciones de todos sus devotos que, a la distancia, hacen llegar sus peticiones hasta este pequeño y apartado lugar pidiendo su intercesión y la de la Sagrada Familia.
Pues bien, con este panorama y todo este contexto, se imaginarán cuán grande ha sido nuestra alegría al recibir la llamada de los guías que hace meses nos habían pedido celebrar aquí la santa Misa para confirmar su asistencia, con su Obispo a la cabeza, Monseñor Paul Mamba, Obispo de Senegal, 25 sacerdotes y 350 feligreses, además de los guías de los distintos buses que traían en grupos a estos entusiastas peregrinos que nos hicieron revivir el colorido y la alegre algarabía que nos anunciaba su llegada, y el silencio respetuoso que se iba produciendo en la medida que iban entrando a la basílica y se encontraban con la hermosa imagen de nuestra querida santa con su hija, para ir a saludarla y poner en sus manos sus devotas oraciones para que ella desde el Cielo las presente delante de su nieto.
Es muy digno de mención el hecho de que, en medio de esta guerra y soledad de Tierra Santa, esta haya sido hasta ahora la primera santa Misa así de concurrida, sin tener en cuenta la del día 26 de julio, día de los santos abuelos del Señor; y acompañada por un obispo y tantos sacerdotes asistiendo a sus feligreses desde antes, pues la celebración era a las 5:00 pero ya desde las 3:30 estaban llegando los primeros y los sacerdotes atendían sus confesiones mientras tanto.
Después de la devota celebración, pudimos saludar a Monseñor y agradecer su visita y su paternal compromiso de rezar por nosotros y la paz del mundo entero.
Finalmente, luego de despedirnos de los peregrinos, nuevamente todo regresó al silencio… pero un silencio diferente, pues esta vez se había convertido en una muy grata acción de gracias; no por haber sido un tiempo de compañía después de todos estos meses solitarios, pues somos monjes y el silencio es lo habitual, sino porque la Sagrada Familia nos concedió la hermosa gracia de ver uno de los frutos por los cuales siempre estamos rezando: para que sean cada vez más las almas devotas que puedan elevar al Cielo sus plegarias desde la casa de santa Ana.
Demos a Dios siempre las gracias.
Sagrada Familia, ruega por nosotros.
Muchas gracias querido seminario…
Durante nuestros años de formación en “la Finca”, como solemos llamar a nuestro amado seminario, además de los estudios, pasamos por una maravillosa gama de actividades que tienen por objetivo justamente el ayudar a prepararse a los futuros misioneros para cuando les toque dejar el hogar común, y llevarse consigo todo aquel bagaje espiritual, intelectual y demás, que allí se fue forjando. Por eso los diversos apostolados, las misiones populares, las jornadas de formación, campamentos, cursos, convivencias, etc., que se ofrecen a las almas desde el seminario; pero también la vida misma del seminario, con todas aquellas cruces que ahora, desde lejos, contemplamos realmente con cariño y hasta con sonrisas, que han sido parte de aquella fundamental preparación para la misión, como por ejemplo aquel loable sacrificio de dejar la patria y la familia por seguir a Jesucristo, y adaptarse a vivir no según los gustos personales ni los haberes propios, sino según lo que teníamos y la sencillez propia de la vida religiosa. No teníamos lujos obviamente y jamás nos faltó lo necesario, pues la Divina Providencia siempre se preocupa de nosotros, simplemente hay que aprender a poner cada uno de su parte a la gloria de Dios y salvación de las almas, y para eso hay que aprender a desgastarse, pero bien, es decir, viviendo una vida intensa, siempre ocupados en la búsqueda de la voluntad de Dios, y ofreciendo todos los esfuerzos necesarios para llevar adelante el plan divino que se va gestando en cada una de las almas. Y justamente en todo esto, con su gran abundancia de ejemplos, recuerdos y muy gratos momentos, íbamos recordando y reflexionando en este último tiempo, especialmente en estas últimas dos semanas de preparación para nuestra gran solemnidad en honor de santa Ana y san Joaquín, pues este año no fue la excepción tanto en la intensidad de los esfuerzos cuanto en lo grandioso de los frutos que acompañaron la novena y celebración de los abuelos de nuestro Señor.
Este año fue particularmente lluvioso hasta hace un par de meses, lo cual nos redobló el trabajo y tiempo invertido para limpiar bien el terreno que recibe a los peregrinos: podamos mucho, desmalezamos mucho, quemamos pasto y ramas secas cuanto pudimos, y aún así, cerca de la fiesta parecía que no avanzábamos mucho, pero había que seguir. Luego comenzamos la novena, pidiendo especialmente a santa Ana por los frutos de la novena misma y posterior celebración, las intenciones de quienes rezan por nosotros, y la paz en el mundo entero, especialmente en Medio Oriente; y el mismo día en que comenzamos fueron apareciendo las ayudas necesarias para honrar a los padres de María santísima: ayuda económica, donaciones, y con ellos un renovado entusiasmo que, pese al cansancio natural de los trabajos del monasterio, por gracia de Dios se mantuvo firme hasta el final.
Gracias a la intercesión de santa Ana, san Joaquín y vuestras oraciones, este año pudimos llenar de flores la imagen de nuestra querida santa; hacer estampitas recordatorias en varios idiomas (ya que siempre son variadas las nacionalidades de los presentes), y celebrar con nuestros religiosos, religiosas y nuevos amigos que asistían por vez primera a la santa Misa solemne realizada en este sencillo lugar santificado por la presencia de la Sagrada Familia.
Si bien no estábamos seguros de cuántas personas podrían asistir, debido al estado de guerra y la tensión que puede verse en muchas partes de Tierra Santa hoy en día, sin embargo, unas 200 personas participaron de la santa Misa, durante la cual había atención de confesiones, y donde nuevamente pudimos compartir de manera especial con nuestros hermanos franciscanos, entre los cuales se encontraba el padre guardián de Nazaret y el párroco de la Basílica, además de los demás frailes y sacerdotes de otras congregaciones que se hicieron presentes.
Después de la santa Misa, se realizó la tradicional procesión hacia la roca del ábside, restos últimos de lo que fuera antaño la casa de santa Ana, para la correspondiente oración y bendición, agregando la solemne incensación de la florida imagen de santa Ana, quien este año, luego de la santa Misa, se llenó de devotos que la fueron a saludar y sacarse fotos con ella y la Virgen niña.
Luego de los festejos, en los que entre nosotros los religiosos y los laicos éramos de varios países (Chile, Argentina, México, Colombia, Perú), no podíamos más que agradecer a nuestro querido seminario, que nos preparó para la misión y nos enseñó muy bien el premio al esfuerzo y el trabajo cuando se hace feliz, buscando la gloria de Dios. Estábamos cansados y con mucho sueño, pero sobre todo dichosos, pues todo lo que se hace no es para nosotros sino sólo para Dios, para los santos abuelos del Señor, para que en este día sean especialmente venerados y por medio de ellos sean muchas las almas colmadas de su valiosísima intercesión desde el Cielo. Este año, de manera muy especial, santa Ana y san Joaquín -nos consta por los variados testimonios que escuchamos directamente de los beneficiados-, nos bendijeron mucho, como saben hacer siempre los buenos abuelos, y a muchas almas, sólo Dios sabe a cuántas y cómo, sea participando de la santa Misa aquí, sea rezando la Novena en su honor desde cualquier parte del mundo, sea ofreciéndoles oraciones confiadas por su intercesión.
Gracias seminario querido por la formación recibida, gracias Sagrada Familia por vuestra santa intercesión, gracias a todos aquellos que rezan por nosotros y que de una u otra manera nos ayudan y nos han ayudado especialmente este año para poder celebrar a los santos abuelos del Señor. Nos seguimos encomendando a vuestras oraciones y comprometiendo las nuestras por vuestras necesidades e intenciones.
Monjes del Monasterio de la Sagrada Familia.
(Fotos en facebook)
ביחד ובשלום
Concierto de música clásica en la casa de santa Ana
Como bien sabemos, actualmente Tierra Santa se encuentra en una situación difícil. El estado de guerra continúa, así como los dolores y angustias de tantas personas afectadas directa o indirectamente por todo lo que está pasando. De vez en cuando alguna sirena de alarma, constantemente aviones y helicópteros pasando por arriba del monasterio y alrededores, recordándonos que no debemos dejar de rezar y ofrecer sacrificios para que pronto todo esto termine y la tierra que vio entrar al Hijo de Dios en el mundo pueda volver a ser el escenario de numerosas peregrinaciones y gracias especiales que tantos devotos vienen a pedir y recibir en los santos lugares.
Y la casa de santa Ana -a diferencia de lo que estaba comenzando hasta antes de la pandemia y posteriormente esta triste situación-, ha seguido recibiendo visitantes, aunque notablemente menos, pues a veces puede pasar casi una semana entera sin que nadie se aparezca por acá; y si bien para la vida contemplativa el silencio es una parte tan importante que, de hecho, impregna toda la jornada, sin embargo, la razón de este silencio no puede pasar desapercibida sin su dejo de amargura. La principal razón del silencio monástico es aprender a escuchar mejor la voz de Dios, acallando las pasiones desordenadas y preocupaciones mundanas, para comprender y obrar según lo que Dios quiere decir a cada uno de nosotros según su santa voluntad, pero ahora este silencio del monasterio trae tintes de incertidumbre, temor, angustia y hasta desesperanza para algunos; es por eso que, dentro de toda esta situación, no podía dejar de ser algo muy especial el realizar nuevamente, con grandes esfuerzos, un nuevo concierto de música clásica, el cual por una tarde, por el hermoso fragmento de una tarde, nos hizo dejar de lado aquel penoso silencio del que hablamos, para invitarnos a disfrutar con la belleza de las melodías que, desde los simples, longevos y cansados muros que conforman las actuales ruinas de la basílica, se dejaron oír con especial deleite de todos los presentes, llenándola con creces pues faltaron sillas para todos (más de 300 personas adentro), y dejando a varios escuchando desde afuera de la puerta de entrada o por el jardín, donde está la cruz del monasterio y la imagen de la Virgen, detalle muy significativo considerando que la gran mayoría de los asistentes no eran cristianos, aunque no faltaron algunos frailes de Nazaret y algunas de nuestras hermanas que vinieron también para el evento.
Los encargados de la organización nos pidieron decir algunas palabras de recibimiento, lo cual aprecian mucho y es realmente importante para ellos, pues con el paso de los años y nuestra presencia en el Moshav (barrio hebreo, siendo nosotros los únicos cristianos), nuestra relación con ellos es del todo cordial y respetuosa, fruto natural del testimonio de vida que sabe abrirse paso en la medida de nuestra continua búsqueda de la voluntad de Dios y el equilibrio que se debe mantener entre la inculturación y la fidelidad a nuestro carisma y estilo concreto de vida.
El primero en hablar fue uno de los encargados, vecino nuestro, quien destacó que este año era la primera vez que la hermosa imagen de santa Ana estaba presente en el concierto, así como la gran alegría que era poder disfrutar nuevamente del evento en un lugar importante para Séforis. A continuación, en nombre del monasterio, quise resaltar algo que ya había hablado en más de una oportunidad con algunos de los vecinos, y es el hecho de que, en Séforis gracias a Dios “todos nosotros queremos y podemos vivir juntos y en paz”, ante lo cual el asentimiento fue general, así como la gratitud de saber que cada día rezamos por la paz.
El concierto estuvo hermoso, y durante casi dos horas sobre el Cielo que contempla la casa de santa Ana, pareciera no haber pasado ningún avión ni nada, al menos no se vio ni se escuchó, era simplemente el cielo al atardecer y la música en el monasterio; nadie miraba hacia arriba sino hacia adelante, a los músicos, cuyo telón de fondo era ni más ni menos que la dueña de casa, nuestra querida santa Ana; la que sigue intercediendo por sus fieles devotos, la que seguirá esperando a los peregrinos, la misma a quien encomendamos junto con toda la Sagrada Familia las necesidades e intenciones de todos aquellos que rezan por este sencillo monasterio.
Siempre encomendados a sus oraciones y rezando por ustedes,
Monjes del Monasterio de la Sagrada Familia.
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Desde la casa de santa Ana
Queridos amigos:
Pese a la actual situación de Tierra Santa, la zona de Galilea en general está más tranquila, incluido el monasterio y sus alrededores (Nazaret, Rene, Caná, etc.); lo cual ha permitido últimamente el poder trasladarse con mayor facilidad, aunque estando siempre atentos a eventuales dificultades. Dicha situación nos ha permitido ir recibiendo pequeños grupos locales, alguna que otra familia, y a nuestro “pequeño redil” de la santa Misa de los sábados en español. Pero hoy tuvimos una visita especial, ya que el grupo no era nada pequeño, y pasaron por el monasterio como parte de un recorrido más extenso que abarca tanto el parque nacional de Séforis como los avances respecto a los antiguos acueductos en los cuales se está trabajando. También forma parte del recorrido la presentación histórica acerca de la importancia de Séforis desde la antigüedad, como el hecho de haber sido la capital de Galilea, el lugar que antaño acogiera al sanedrín y donde se escribiera la Mishná; punto estratégico para el comercio, la cultura y los estudios incluso en tiempos de nuestro Señor Jesucristo; ejemplo de convivencia entre judíos y cristianos en los primeros tiempos, y probablemente la última parada de los cruzados que se dirigían a la histórica batalla de los Cuernos de Hattin, entre otros tantos eventos importantes.
Pues bien, para nosotros ha sido una gran alegría haber podido recibir a este grupo de universitarios y profesores del “Technion” (Instituto Tecnológico que está ubicado en Haifa y es el principal y más antiguo instituto científico y tecnológico del país); quienes junto con la nueva directora del Parque nacional de Séforis, y el encargado de los trabajos que se están realizando en los históricos acueductos de la zona, decidieron comenzar aquí la jornada de formación, pidiéndonos tomar parte de la misma con una pequeña charla acerca del monasterio y la vida contemplativa, una verdadera bendición ya que nuevamente tuvimos la gracia de poder dar testimonio de lo que es e implica la vida consagrada para nosotros, los católicos, y puntualmente lo que hace a la vida contemplativa en un lugar tan especial. Como suele suceder, los oyentes estaban muy atentos pues les llama mucho la atención este estilo de vida que “unos extranjeros”, venidos desde tan lejos, han venido a realizar a este lugar tan apartado y “tan especial”, como ellos mismos suelen decir. Las preguntas que nos hacen suelen ser más o menos siempre las mismas: ¿te preguntaron o te mandaron tan lejos?, ¿hasta cuándo estarás acá?, ¿qué dice tu familia de que estés tan lejos?, ¿por qué no te casas como otros religiosos?, ¿te gusta Séforis?, ¿no extrañas el ruido?, etc.; y la respuesta también suele ser similar en grupos como estos, que puntualmente han venido a saber qué es un monje católico: “qué interesante”, “te ves feliz”, “qué bueno es poder hablar así con confianza”, etc.
Cuando les hablamos acerca de la importancia de la oración, eje de nuestro estilo de vida, aprovechamos para decirles que estamos rezando a diario por el fin de la guerra, a lo cual todos asintieron con gran respeto, lo cual nos dio pie para concluir comentándoles que, pese a tener diferentes creencias, todos nosotros ahora queremos la paz más que nunca; que en Séforis podemos ver un ejemplo de lo que es “querer y poder vivir en paz”, incluso como amigos, cada uno respetando la fe del otro, palabras que dejaron muy agradecidos a los visitantes.
Damos gracias a Dios por todos los beneficios recibidos en estos días, y en estos 18 años de presencia en Séforis; donde nuestros monjes han ido construyendo poco a poco y con mucho esfuerzo, estos puentes de diálogo ameno con las demás creencias, así como los lazos fraternales con los demás religiosos que custodian los santos lugares, con quienes nos alegramos de poder estar aquí, en Tierra Santa, pasando por las pruebas que haya que pasar, y alegrándonos del obrar que la Divina Providencia va forjando poco a poco y según sus sabios designios de salvación.
Encomendamos a sus oraciones la casa de santa Ana, para que sea siempre un lugar donde los peregrinos puedan venir a rezar, donde los monjes den testimonio su especial estilo de vida, y donde el diálogo con los no cristianos sea cada vez más fecundo.
Monjes del Monasterio de la Sagrada Familia.
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