Consagración de las familias (Pío XII)

Sagrada Familia, Trinidad de la tierra, Jesús, María y José, sublimes modelos y tutores de las familias cristianas; a vosotros recurrimos, no solamente para confortarnos con la suave contemplación de vuestros ejemplos sino también para implorar vuestra protección y prometeros constante fidelidad en el sendero que nos trazáis.

Vuestra paz, vuestra inalterable serenidad, restauran nuestros agitados espíritus entre las angustias de una vida cada vez mas complicada y difícil, mostrándonos elocuentemente que tan solo, en un hogar adornado y enriquecido con las virtudes domésticas que vosotros nos enseñasteis, nuestros corazones podrán hallar el descanso y la felicidad que tanto anhelan.

Mas, ¿cómo podrá la tierna planta de la familia defenderse contra el ardor de las pasiones desenfrenadas, los insidiosos movimientos de rebelión que casi en todas partes se registran, el huracán de la vida moderna, que se diría quiere transformarlo todo? ¿Cómo, si no es haciendo nosotros que sus raíces penetren profundamente en la tierra generosa de la piedad cristiana; implorando para ella el abundante riego de la gracia divina, especialmente con la participación común en los santos sacramentos; animándola con verdadero espíritu de fe, que nos induzca a superar la concepción materialista de la vida; uniendo todas sus ramas con el estrecho vínculo de un amor, que si no fuera también sobrenatural pasaría como todas las cosas de acá abajo; consolidándola en su propio ser mediante el firme propósito de cumplir cada uno de nosotros con nuestros deberes en todo lo que nos impone el justo orden familiar; sosteniéndola en las asperezas de este exilio terrenal en el que a veces falta incluso una honesta morada, o se carece del necesario sustento?.

En el desorden de ideas que a menudo turban las mentes, proclamamos altivamente la santidad, la unidad y la misión divina de la familia cristiana célula de la sociedad y de la Iglesia, y cada cual en su puesto -padres e hijos-, con modestia pero con firmeza, nos comprometemos a hacer todo lo que esté en nuestro poder a fin de que tan santos ideales sean en el mundo una realidad.

Ayúdanos Tú, José, espejo de la mas admirable paternidad, en el asiduo cuidado que supiste prestar al Salvador y a la Virgen, siguiendo fielmente las inspiraciones divinas; ven en nuestro socorro, María, la más amante, la más fiel y la más pura de todas las esposas y de todas las madres; asístenos Tú, Jesús, que para sernos en todas las cosas refulgente norma quisiste hacerte el más sumiso de los hijos. Estad los tres siempre junto a nosotros, en las horas alegres y tristes, en nuestros trabajos y nuestros descansos, en nuestros afanes y en nuestras esperanzas, junto a los que nacen y junto a los que mueren.

Y otórganos que todos los hogares, santos a imitación del vuestro, sean para todos sus miembros escuelas de virtud, refugios de santidad, camino seguro hacia aquella beatitud que por vuestra intercesión confiadamente esperamos. Amén.

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