Plegaria de un joven

Señor Jesús, que como Dios que eres me has formado en el seno materno “no abandones la obra de tus manos”.

Dame una inteligencia que te busque con honestidad y goce con la certeza de tu Verdad; que sepa que Tú eres “el único Maestro” y escuche a tus pies “las palabras de vida eterna”. Concédeme la gracia de un amor limpio y generoso, que te ame sobre todas las cosas para que pueda “correr por el camino de tus mandamientos por que me has ensanchado el corazón”. Educa mis afectos para que nadie los desordene sino que, gracias a un frecuente trato contigo me goce un día de tener “tus mismos sentimientos”. Sea la mirada de mi alma tan pura que después de haber recorrido tus creaturas no quede manchada, y así pueda luego contemplarte con los mismos ojos, a ti, mi Creador, Señor y Redentor y a tu Santísima Madre.

Nunca busque agradar a los hombres sino sólo a ti, ante cuya presencia quiero vivir, luchar y morir, Tú que me eres más íntimo que mi propia intimidad.

Que ninguna de tus cosas me sea indiferente: mía sea la alegría de los que te alaban y sirven con humildad, y también “caigan sobre mí las ofensas de los que te ofenden”.

En el estudio sea el más dedicado, en las sanas diversiones el más alegre, en el deporte el más esforzado, en la oración el más piadoso y en tu servicio el más magnánimo.

Nunca conquisten mi alma los placeres de la carne; ni me avergüence de confesarte; ni desista de seguirte hasta el heroísmo y la muerte. Siempre me goce en lo más noble, lo más verdadero, lo más perfecto, lo más santo, lo más difícil.

El don de la libertad, que tu bondad me ha concedido, se perfeccione de tal modo en la práctica del bien que pueda retornar sin trabas a ti, Señor. Allí reposaré más libremente que nunca.

Dame alma de apóstol, especialmente entre los otros jóvenes, que te confiese con valentía, te predique con sabiduría y te defienda con santo celo.

Y, si algún día, por causa de mi debilidad, me alejare de ti por el pecado, no te quedes en silencio soportando mi afrenta. Muéstrame como te plazca, aunque tu mano me parezca dura que he equivocado el camino; y condúceme con tu providencia hasta los bienes que el tiempo no consume ni los hombres arrebatan más allá de este mundo, en los esplendores de tu Reino Eterno. Amén.

Un comentario sobre “Plegaria de un joven”

  1. Hermosisima plegaria!!

    Me encantaria poder tenerla en Ingles para compartirla con el grupo de Jovenes aqui en London Ontraio
    Dios los bendiga..los tengo en mis oraciones
    Sandra

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