Crónica de la Fiesta de San Joaquín y Santa Ana 2026
Existen momentos en la vida donde algunas ideas suelen ser demasiado obvias para decirlas, pero que justamente por esta obviedad muchas veces estas cosas caen en el olvido y necesitan que alguien se las diga para que vuelvan a tomar fuerza. Pues bien, justamente lo que lleva el título de esta pequeña crónica es una de estas ideas.
Este reciente 26 de julio, como bien sabemos, fue la festividad de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Santísima Virgen y abuelos de Nuestro Señor Jesucristo, que aquí en Séforis pudimos celebrarla como solemnidad. La Misa solemne estuvo a cargo de los Frailes Franciscanos —que son los propietarios de nuestra casa—, representados en esta ocasión por los Frailes de la Comunidad de Nazaret. Mientras terminábamos los trabajos previos para dicha actividad, en un momento del día escuché, en alguno de los mensajes en que nos felicitaban por la fiesta y nos ofrecían sus oraciones, una frase casi al final de un audio que decía esto: “Dale las gracias a Santa Ana porque ella nos dio la Virgen.” Qué hermosa idea, ¿no?
En seguida les compartiré alguna breve reflexión sobre esto, pero déjenme contarles un poco de cómo ha sido el día. Hemos tenido la gracia de tener aquí en nuestro monasterio por unos días, el P. Fernando Flores, IVE, misionero en el Hogar Niño Dios en Belén, él vino acompañado por Luís y Adrián, los dos seminaristas que están ayudándolo en este apostolado cualificado que lleva a cabo nuestra congregación en la Ciudad de David. Estuvieron unos días de convivencia y merecido descanso aquí en Galilea. Estos fueron unos días muy lindos de vida comunitaria intensa, eutrapelias y recreaciones con muchas risas y todo lo que ya se pueden imaginar… Pero, también teníamos trabajo, así que el domingo (26) a la mañana comenzamos con los últimos preparativos para armar la carpa en las ruinas de la Basílica, un trabajo que es “sencillo” pero al mismo
tiempo lleva su tiempo, dado que el área que debemos cubrir no es tan pequeña; además de esto, a medida que pasaban los minutos y el sol iba subiendo más hacia su ápice en el día, iba bajando por las frentes el sudor que
realmente se hacía molesto, pero ¿qué es este pequeño sacrificio en comparación con la finalidad por la que estábamos haciendo? Gracias a Dios tuvimos la ayuda de la comunidad de Belén que mencioné antes, entonces mientras estirábamos las cuerdas, sujetábamos las carpas por sus diversos puntos, algunos han estado ocupados con el posicionar sillas, hacer los últimos arreglos con las flores que tan hermosamente están adornando el monasterio —y que realmente hizo con que la gente después de la Misa nos dirigiera palabras de admiración, porque se veía hermosa la casa de Santa Ana y… al final, es nuestra misión aquí, cuidar de la casa de Santa Ana, a Dios gracias que podemos hacerlo bien y siempre para la gloria de Dios—. Terminamos los trabajos de la mañana con un rico almuerzo para festejar entre nosotros la Solemnidad del día, luego un pequeño descanso y… al trabajo… Ya quedaba poco. Luego empezaron a llegar los primeros feligreses venidos desde Nazaret. En momentos así, todo transcurre muy rápido, pero en medio de este torbellino de cosas y detalles, pude observar algo muy hermoso: el atardecer de este día… realmente el clima se hacía muy apacible, una brisa hermosa iba corriendo y suavizando lo que todavía quedaba de la fuerza del sol con el calor que suele hacer durante todo el día… El atardecer espectacular pintaba de un amarillo fuego todo el cielo, las flores y los árboles salpicaban los muros y entornos de la Basílica de colores vivos y armoniosos, ¡Qué paisaje!
Y para completar el cuadro, los pájaros mezclaban sus voces con el silbido suave de la brisa que circulaba por entre los olivos y todo se llenaba de una atmósfera muy poética, para los que tengan esa vena de poeta, creo que con lo dicho podrán hacerse alguna idea…
Tuvimos una muy hermosa Misa con una liturgia sencilla pero muy digna para honrar a los dueños de la casa. Nos parece que estuvieron presentes aproximadamente unas 150 personas. La Santa Misa fue presidida por el P. Sergio Olmedo, OFM, amigo del monasterio, y nosotros pudimos aprovechar la ocasión para pedir por tantas intenciones que son confiadas a nuestras oraciones delante de los Abuelos de Jesús y también darle las gracias al buen Dios por tantos beneficios recibidos de las manos de Santa Ana.
Fíjense que llevo poco más de un año aquí y ya he podido presenciar el auxilio de Santa Ana en varias ocasiones, sumándose a esto los innumerables testimonios del P. Jason que ya lleva muchos años más aquí, y del Hermano Diego, realmente teníamos mucho que agradecer…
Aquí retomo el título de esta pequeña crónica… Aunque haya tantas cosas por las que debemos agradecerle a Santa Ana, y aunque sea difícil enumerar —o más bien darles los distintos grados de importancia (que generalmente son muy subjetivos)— hay una gracia que objetivamente es la mayor por la que debemos darle a Dios y a Santa Ana infinitas gracias: ella nos dio la Virgen.
Si es cierto lo que dice Santa Teresita —y así lo creo— de que nosotros somos más dichosos que la propia Virgen María, pues ella no tuvo una Virgen para amarla, nosotros la tenemos porque, en última instancia, Dios así lo dispuso, pero la causa segunda que Dios ha querido utilizar para que tengamos a la Virgen fue justamente Santa Ana y su esposo San Joaquín. Justos a los ojos del Señor, personas de una fe ejemplar y una humildad admirable. Una sencillez que conmueve… ¿Cómo sabemos esto? De hecho no hay muchos registros escritos de todo esto, pero, observemos a la Virgen, veamos sus virtudes, sus principales rasgos, por supuesto, que los ha recibido de Dios, pues recibió ella una sobreabundancia de gracia, pero la Gracia supone la naturaleza y aquello que es natural de la Virgen, en gran parte vino forjado por sus Padres. Por esto, si podemos tener a la Virgen para amar, es obvio que debemos darle las gracias a Dios en primer lugar, pero también y con mucha razón, a Santa Ana y a San Joaquín, porque ellos nos la dieron y por ella vino a nosotros Jesús, Nuestro Señor y Redentor.
Dicho esto, realmente nada mejor que la Santa Misa para agradecerles tan estimado don. Y así fue…

Luego tuvimos el rezo de las vísperas solemnes con un buen número de frailes, hermanas y feligreses que se sumaron y se quedaron para acompañarnos en esta ocasión.

Al final de las Vísperas hicimos la renovación de la Consagración de todo nuestro Instituto al Sagrado Corazón de Jesús, con motivo de los 10 años cumplidos de la primera consagración que hicieron los padres en el año 2016. A continuación, una cena compartida entre todos con un ambiente realmente muy hermoso y familiar, donde todos estaban muy agradecidos y contentos por todo.
Nosotros, a pesar de todo lo que implica el preparar, organizar y estar atento a tantos detalles, hemos confiado una vez más en el auxilio infalible de Santa Ana, y ella al final, nos ha ayudado —como siempre—, por lo que estamos realmente muy agradecidos y por eso quisiéramos compartir un poco de este sentimiento con todos ustedes.

Unidos en oración siempre
Desde Séforis-Tierra Santa, la Patria de Santa Ana
P. Harley Carneiro
Monasterio de la Sagrada Familia
Instituto del Verbo Encarnado